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miércoles, 5 de enero de 2022

Aterriza cómo puedas

Empecé el 2021 con un gran salto. En la cresta de la ola.  Pero las olas también estallan. Y lo cierto es que acabé  el año que recién pasó como la escena del avión del clásico "Con la muerte en los talones".

  

Desde el mes de junio el cuerpo me enviaba señales. Las iba sorteando como podía. Hasta que a finales de noviembre la cosa se puso muy fea. Tanto que empecé a tener problemas para leer y escribir. Y que me quiten a mí las palabras pues fue algo que me preocupó y mucho. Con uñas y dientes lo intenté todo, pero al final llegó la inevitable baja por enfermedad tras mi cumpleaños en diciembre.

Al principio estaba entre asustada e indignada. Pero pronto me di cuenta de que mi cuerpo y mi cerebro estaban literalmente exhaustos.  Al parecer y en gran parte por el estrés laboral prolongado como asesora social en mi anterior trabajo entre el 2019 y el 2021. Allí aprendí  mucho y tuve colegas maravillosos, pero también me desgasté hasta límites que ni yo misma supe ver a tiempo. Ahora entiendo la frase "el estrés mata" Recomiendo encarecidamente que nadie estire la cuerda tanto como  yo lo he hecho.

La receta de mi doctora fue muy clara: Haz todo lo que te guste y no fuerces nada. Nos vemos en enero.

                               Las excursiones es una de las actividades que más me relajan.

La primera semana fue frustrante comprobar que el cerebro apenas seguía mis órdenes. El cuerpo me dolía como si hubiera hecho la maratón más larga de mi vida. Así que me apunté a todas las clases en grupo de la piscina por las mañanas. Suaves y agradables. Con los jubilados. Los abuelos siempre me sacan una sonrisa y más de una y dos risas.  

También aflojé el ritmo y apuré el sofá y algunos feel good de Netflix. Poco a poco y con buena letra.

Disfruté del adviento y sus tradiciones con los niños y Asbjørn. Pasé buenos ratos junto a nuestra nueva estufa de leña. Lentamente el cuerpo se empezó a relajar y podía leer y escribir textos cortos de nuevo. Logros pequeños pero muy valiosos. Encontré las fuerzas para visitar un ratito a una buena amiga y a su reciente bebé. Y tomar un pastelito con otra amiga que es un tesoro. El estrés me había anulado socialmente y este fue un gran paso hacia adelante. Me llenó de energía de la buena. 

                                                        Corazones y guirlandas para el árbol de Navidad.

                                                           Las típicas galletas navideñas. Ricas, ricas.

El 26 de diciembre llegó el viaje a Barcelona. Tras dos años los niños iban a poder ver a mi madre,  y a sus tías y tíos. Y cómo no a sus primos y primas.  Cómo si el tiempo no hubiera pasado conectaron de maravilla. Esto me hizo muy feliz. 

También hubo tiempo de cotorreo y de ver a mis dos mejores amigas barcelonesas. Un baño de sol facial con un helado fue mano de santo y puso punto y final a cinco días bonitos en mi ciudad natal.

                              Las mariposas cubren el Passeig de Gràcia de Barcelona en Navidad.
 

                                                        Hermoso árbol de Navidad en Barcelona.

El lunes regreso al 50% a mi puesto laboral y tengo muchas ganas. Siento que los engranajes se están engrasando de nuevo, aunque la doctora me ha aconsejado volver poco a poco. Tengo momentos de todo y hay que seguir vigilando.

Esta semana el tiempo está que lo peta en Noruega. Y estoy orgullosa de decir que hoy he hecho una excursión de varias horas con raquetas de nieve. Mi primera excursión sola y he conseguido orientarme bien.  Pronto os cuento mi aventura.

Hasta la próxima y feliz 2022.

sábado, 26 de diciembre de 2020

Blanca Navidad

Diciembre es el mes más oscuro del año en Noruega. Eso tiene una magia especial. Es llegar diciembre y se despierta una auténtica pasión por las actividades de adviento. O la cuenta atrás para la Navidad. 
 
Algunos optan por el tradicional calendario de adviento con sus chocolatinas, otros lo hacen ellos mismos y ponen regalos sencillos y actividades. También esta de moda el elfo travieso como tercera opción.  Yo me uno al segundo grupo. No ha faltado un chocolate caliente, un baño de burbujas o talleres diversos. Y también algunos regalitos en forma de experimentos. De pequeña me chiflaba el Cheminova, no lo puedo evitar. 
 
También ha sido especial poder ver a un grupo reducido de amigos durante este diciembre y leer el calendario de adviento digital de Irma.
 
La primera cosa que llama la atención en el adviento es la llegada de las mandarinas y naranjas a las tiendas. Nada más y nada menos que valencianas. Jugosas y riquísimas se encuentran los boles de las casas, el trabajo y otros lugares. 
 
 
Algo que no puede faltar tampoco son las galletas de jengibre. Y si son caseras mejor que mejor. Aquí montamos un taller con los niños. A mí personalmente me gusta más la masa que las galletas horneadas (ejem), pero la casita la devoro.
 
 


No tengo remedio, así soy yo. Dedos y pelo pringosos me acompañan ese día. Igual que el día que hacemos caramelos caseros. Los niños los empaquetan y se los regalan a sus amigos más cercanos con felicitaciones hechas a mano.

 
Los adornos también son importantes. Y las velas toman protagonismo. La tradición dice que hay que encender una vela lila cada domingo de adviento. Cuando llega la cuarta semana queda un candelabro muy curioso con las velas de diferentes tamaños. 
 
 
Este año también nos decidimos por hacer una corona navideña. Como una actividad del calendario de adviento. Cogimos ramitas del bosque de casa y piñas. Quedó bonita. También compramos unos pajaritos artificiales en una tienda. Y la colgamos en la puerta. 
 
Y cómo olvidar los enanitos o nisse de Navidad. Los encargamos a un artesano como sorpresa para los chicos. Lucen muy hermosos en la puerta de casa.
 
 
Una tradición noruega que ocupa una buena parte de diciembre es la preparación de pequeños pasteles o galletas. La costumbre manda siete tipos diferentes y se comen en la víspera de Navidad. Nosotros hemos preparado unos cuantos. He aquí la mesa de postre dulce / salado de este año.
 

Y como esta casa es multicultural hemos incluído el turrón español también. Fue divertido y curioso prepararlo. Este año también nos ha acompañado el tió de Nadal catalán. El pequeño se fue afuera y él mismo lo montó todo. Somos un machichembrado cultural y me siento orgullosa de ello. 
 
 
El árbol también es importante. Es muy especial poder elegirlo del bosque de casa. Y ya es toda una tradición serrarlo manualmente entre Asbjørn y el pequeño. Mientras el mayor y yo  sujetamos el abeto. En Noruega hay la costumbre de adornarlo el mismo 24 de diciembre. Con las bolas, manualidades y todo lo que a uno de se le antoje.
 

 

 Las bolas del árbol son la diversión máxima de las gatas, Luna y Stjerna,que se divierten descolgándolas.
 
 
 
A nuestras gallinas y al gallo les obsequiamos con trigo anudado o julenek. Los adolescentes de las escuelas lo venden para recaudar fondos para viajes y actividades. El gallo, Leopold, se emocionó mucho e hizo el ruidito de delicatessen a la vista. Y con eso tenía a las  siete gallinas como locas tras él. 
 

Todas las gallinas y el gallo tienen nombre. Las mías se llaman Bonica y Lluvia. A Asbjørn le ha tocado el gallo Leopold y la saltarina Ninja. Las del mayor se llaman Tåke (significa niebla y es la favorita del gallo) y Turbo (la jefa de las gallinas). Y las del pequeño, Fluffy (significa esponjosa) y Tuppa (un apelativo noruego cariñoso para las gallinas). 

Y llegó el 24 de diciembere con mucha nieve. Regalo de la naturaleza. Guerra de bolas de nieve y yo posando. Me encanta el rojo y el blanco. Es gracioso ser un poco presumida a veces.
 

 
Celebramos el 43 cumpleaños de Asbjørn con un buen desayuno y regalos por la mañana. No faltó una horita del especial de Navidad con cortos de clásicos de Disney en la televisión pública, y lectura de los julehefter (cómics de Navidad de personajes populares como el Pato Donald). 
 
Y como por arte de magia, se asomó la Nochevieja con su pinnekjøtt (carne de cordero a la noruega) y otros manjares. Acompañado de agua, jugo y cerveza casera. Y un licor típico noruego que se llama "aquavit" y porto.
 
 

Luego el turno de los regalos. Especial mención al vinilo que me regaló Asbjørn, de Manel. Un grupo catalán que me encanta. Los niños se hicieron también un detalle entre ellos. Fue especial verlos tan emocionados con la cara del otro al abrir el regalo.
 
Ayer, el mismísimo 25 de diciembre, me lancé  a cocinar un plato típico catalán (caldo de Nadal o sopa de galets).  Por primera vez en mi vida. Con pollo de nuestra granja. Divertido hacer de detective para encontrar la pasta de galets en Noruega. Y aprender que en Italia tienen la misma pasta y se llama "lumaconi". Más suerte aún descubrir hay lumaconi o galets en algunos supermercados noruegos. En la sección de productos de otros países. 
 



Al cocinar el caldo ayer me vino el olor de la Navidad de la casa de mis padres en Barcelona. Recordé a mi madre con su delantal y a mi padre poniendo orden entre los nietos. La algarabía de las charlas familiares. Pensé en lo que extraño a mi gran familia allí. En las ganas de abrazarlos. De hablar de todo y nada. Hoy los he visto a través de la cámara.  Se respiraba alegría y buen rollo. Y me he puesto muy contenta. Al colgar tenía los ojos empañados. Ya hace nueve meses que no los veo por las restricciones del Corona, pero a ver si el 2021 nos brinda la oportunidad de estar juntos de carne y hueso. Al menos para cuando llegue mi nueva sobrinita, Arlet, la próxima primavera.
 
Aunque los niños no son muy pequeños, con nueve y doce años viven de una forma muy positiva y con mucha ilusión el adviento y las fiestas. Nos reímos con el Julekalender, una serie de adviento noruega de lo más graciosa. Bailan con el vinilo de Michael Jackson. Gritan y alucinan cuando prueban la comida navideña o abren regalos. Dicen cosas que alegran a una el día.
 
 
Y yo pues me emociono. Con mis tres chicos bien elegantes y nuestros animales. Viendo que consigo preparar platos tradicionales, y que tengo una familia que es un tesoro.
 
 
Realmente ese es el regalo más hermoso. La compañía y el celebrar la vida juntos. No en vano Spotify me dio "Eso que tú me das" como la canción más escuchada del 2020.

Hoy hemos comido restos navideños y hemos ido a esquiar un poquito. Aún quedan algunos días de vacaciones, hasta el día 3 de enero este año. 
 
Felices fiestas a todos.


viernes, 4 de enero de 2019

Un giro de 180 grados

Año nuevo y la conciencia que me dice que tengo el blog olvidado. Ay, ay Lidia que se pone a escribir de nuevo. La vida ha dado un vuelco los ultimos meses. Y no sé  muy bien por donde empezar pero quizás mejor por el principio. Las novedades incluyen nervios, risas, alguna lagrimilla y mucha ilusión.

Os escribo desde mi nuevo hogar en Buvika, a unos 22 km de Trondheim. Aquí nos mudamos el 1 de noviembre mi chico y yo junto a los niños. Ellos están aquí a semanas alternas.

Cada día descubrimos cosas nuevas.  Hemos ido a parar lugar muy tranquilo donde se pueden ver las estrellas, oír los pájaros e ir de excursión con tan solo salir por la puerta de casa.

Junto a la casa hay un segundo edificio, el granero - corral. Y no podía faltar un tractor.  Sí, sí nos hemos mudado al campo. Al frente una cabaña pequeñita muy coqueta, que también pertenece a la finca. Bienvenidos a la granja.


La idea es cultivar zanahorias, patatas y bayas, y tener algunos animales con el tiempo. Hemos empezado con una linda gatita. Los niños han elegido el nombre. El ganador, Stjerna, que significa "estrella" en noruego. Para los españoles se pronuncia "estierna". Llegó la semana pasada y ya nos ha robado el corazón con sus monerías y travesuras.


Para recapitular un poco todos estos meses sin escribir, iré haciendo flash-backs. Espero que no resulte muy confuso.

En octubre fui con mis colegas del trabajo a Barcelona y les hice de guía. Reservé una furgoneta con conductor para los 9 del aeropuerto a su hotel y del hotel al aeropuerto. Salió perfecto y solo costó unos 10 euros por persona y trayecto. Yo pernocté en casa de mis padres y ellos en Poblenou, donde según me comentaron también se divirtieron mucho.

Estuvimos en la Sagrada Familia, Parc Guell, Barceloneta, los exteriores del Maremagnum...Dos días y tres noches. Lo pasamos bomba. Les enseñé mis lugares favoritos y los lleve a comer tapas y paella. Y como no...al mercado a comprar jamoncito y otros embutidos. Les encantó el pan con tomate y el fuet. También tuve oportunidad de  estar con la familia y quedada express con las amigas.

La estancia en Barcelona es junto al viaje de empresa a Suecia uno de los mejores recuerdos del 2018. Nos invitaron a todos los empleados a dos días y una noche a un resort y organizaron actividades divertidas, conferencias motivadoras (la oficina se traslada más lejos en dos años y hay lógicamente inquietud) y comida rica.

También en diciembre cumplí los cuarenta. Edad que marca un punto de inflexión que no de seriedad, como demuestra la sopresa de mis colegas de trabajo.  Toda la oficina llena de globos y fotos. Menudas risas nos echamos. Son muy buena gente.

 

No faltó una fiesta en casa con gente especial, y buena comida. Fue bonito recibir abrazos, postales y algunos regalos pensados desde el corazón. Y es que hacía muchos años que no organizaba un festejo de este calibre. Luego hubo fiesta tranquila en familia y fuimos a cortar el abeto de Navidad en nuestro bosque. Mi primera vez. Emocionante.

                             


Y que no se me olvide el calendario de adviento de este año, uno de actividades y libros y el otro, el calendario de agradecimiento. Este segundo es si cabe aún más sencillo que el primero. Solo se necesita una naranja, clavos y cada día se saca uno y se agradece algo a la vida. Pues aunque la vida duele a veces, y mucho, no hay que olvidar las cosas buenas.




También hice un curso de conducción sobre hielo en diciembre, pues ahora cojo el coche cada día desde casa hasta la estación de tren. En esta época del año, el tiempo puede dejar las carreteras con hielo, nieve pastosa etc. Muy útil y lo recomiendo a todos los que no se hayan sacado el carnet de conducir en Noruega. Confieso que aún sigo sudando la gota gorda con la conducción y la climatología adversa, pero espero conseguir vencer el miedo este 2019.

Los 40 vinieron de la mano de una muy buena noticia. Me hicieron fija en la oficina de bienestar social de Levanger. Una mezcla de orgullo y felicidad me invadió. Mi primer trabajo fijo desde que emigré en 2013. Al fin la lucha ha dado sus frutos y además me ha regalado el trabajo de mis sueños entre buenos colegas. No me lo podía creer cuando me lo dijeron.

A los pocos días llegó el dilema. Positivo, pero no deja de ser un reto. Me ofrecieron un trabajo temporal en otra oficina pública mucho más cerca de casa. Fue una decisión dificil. Todo vino de repente cuando aún estaba con la miel en los labios.

Ahora la decisión está tomada. Aprovechando que en Levanger me conceden una excedencia con reserva de puesto de trabajo, me he lanzado. Y este 2019 trabajaré aproximadamente 9 meses en Trondheim. Sigo en la oficina social, pero esta vez llevaré otro tipo de temas más relacionados con ayudas para personas que padecen situaciones extremas. Ya os contaré.

Luego llegó el turno de celebrar las fiestas navideñas en familia. Primera parada Noruega y segunda en Catalunya. Es entonces cuando uno hace balance del año. Punzadas de alegría y dolor y a seguir creciendo como persona. Esto dará para otra entrada que no tardará en llegar.  De momento...

Feliz año nuevo desde Buvika





viernes, 5 de enero de 2018

Ahora

Ahora. Ya llegó un nuevo año. Y tras unas vacaciones en Barcelona con los nenes, concierto de Jarabe de palo, fiesta grande con mis primos y charlas profundas con mis hermanos y padres... Estoy aquí de nuevo en Trondheim. Ahora escuchando las lindas canciones de Pau Donés, Chambao y Bebé, mientras diviso el paisaje nevado desde mi ventana.



El año nuevo se antojó hermoso entre amigas y la despedida emotiva de mis padres. También hubo besos y abrazos y jamoncito extremeño al volver a casa en Trondheim el día 1.

Además ya he tenido tiempo de vivir una nueva experiencia: el poengrenn del barrio (una  ruta de esquí apta para todos). Me apunté como voluntaria para ayudar en la hytte donde se sirven refrescos y vaffler para todos los asistentes. Como os decía, mi intención era estar en la cafetería, pero mi chico me animó a ir esquiando con el pequeño de la casa. Y mientras tanto él se puso tras la barra con una buena amiga del barrio. Nos tendríais que haber visto a mí y al enano llegando arriba de la mini colina, sintiéndonos como auténticos héroes. Allí estaban muchos vecinos con los niños pasándolo pipa. Aquí una foto publicada por la organización (SjetneIl).


Al llegar a la meta premio para todos los críos que participaban. Eso es algo muy noruego. Todos reciben regalo, pierdan o ganen. Y por lo visto la celebración de las victorias suele ser muy discreta. Un poco chocante viniendo de nuestra cultura donde uno o vence o fracasa, pese al famoso dicho "Lo importante es participar". Esto me recuerda a las primeras veces que fui a los partidos de fútbol de mi hijo mayor. En concreto a la sorpresa que despertaba entre la gente ver su entusiasmo desbordado cuando marcaba un gol,  o por el contrario la pasión que demostraba cuando perdía. Una vez pensé "tierra trágame". Pero con el tiempo he aprendido que estas cosas nos hacen especiales y son en cierta manera divertidas. Seguimos entre dos mundos.

En estas fechas uno se plantea qué fue del 2017 y qué va a suceder en el año que entra. Y si haré tal cosa o tal otra. Pues el 2017 me trajo momentos impagables de amor y amistad. También me dio el trabajo de mis sueños, aunque fuese temporal.  Aprendí carpintería y cerámica. Bailé zumba. Publiqué dos  poemas en una antología.  Visité lugares hermosos. Y la lección más importante: uno tiene que amarse primero a sí mismo para poder ser feliz y crear vínculos sanos con los demás.

Y como la vida está llena de matices, también confieso que hubo algunas cosas feas en este año que recién pasó. El dolor y los problemas de seres queridos y el temido desempleo de nuevo han causado sus estragos. Hoy escribiendo cartas de presentación se me agarró el miedo a la tripa de nuevo.  Parecía que quería instalarse otra vez en mi vida. Pero de repente reaccioné. Un chat, un paseo y buena música me hicieron enviar los pensamientos negativos lejos. Vivir es urgente. Y ese es en resumidas cuentas mi propósito para este 2018.

Acabo con una canción que me alegra el alma y que dedico en especial a mi hermana Berta. Hasta la próxima.




viernes, 8 de enero de 2016

Retorno a Trondheim

Se acabó el 2015 y empezó el 2016. Un par de semanas en mi amada Barcelona no podían faltar. El viaje de ida fue un poco pesado. Con cinco horas de escala en Amsterdam. Al final los niños se subían por las paredes. Pero en el aeropuerto hay montado un chiringuito tipo Museo de la Ciencia. Y entre eso y todas las tiendas y chocolatinas habidas y por haber, el tiempo acabó pasando.

Al llegar a Barcelona una oleada de calor me invadió de inmediato. Quince grados son atípicos en diciembre, pero no molestan. Enseguida la algarabía de coches, y ruidos diversos, algunos algo estridentes, gente a los lados, delante, detrás... Estoy realmente en Barcelona.

Al día siguiente fui a ver a mi mamá. Es una de las emociones más grandes del año para mí. Aprovechó para darme mi regalo de cumpleaños. Un ejemplar de El Principito. Por increíble que parezca no tenía ninguno en casa. Lo leí prestado de la biblioteca en su día. Las ilustraciones me parecen especialmente lindas y originales. Y del texto, qué decir... ya sabéis que es uno de mis favoritos. Lo devoré de nuevo en pocas horas una noche. Con la comida de mi madre y la compañía de mis hermanos fue un día para recordar. Y por la noche cena y charla con dos grandes amigas. Un día redondo. Igual que el día de Navidad con mi familia.


También ha habido ocasión de visitar el barrio Gòtic y Ciutat Vella.  Me encanta perderme allí, y en la Barceloneta. Sus edificios antiguos, las callejuelas y ese olor a pan, chocolate y dulces tan típico. Volví a entrar en las tiendas de discos de la calle Tallers. Recuerdo que allí compré mis primeras entradas para los conciertos de Suede y Placebo. Fue un subidón ver tanta buena música en los escaparates. Y en vinilo. También entré con los chicos en una tienda llena de peces de colores. Un espectáculo para la vista.


Hubo tiempo de visitar Lunatic y la pizzeria Nova Fontana, dos de mis lugares predilectos en la ciudad. Y también de ver la nueva de Star Wars y tomar un chocolate calentito.

Debí ser buena este 2015 porque tuve algunos regalos. Unas marionetas, dos libros de pintar, lápices de colorear y unos auriculares...Ya tengo deberes para este 2016.


En mi paladar quedan los mil y uno sabores de las tartas que prepara mi hermana Berta. Eso sí que es un buen regalo. Vuelvo con una buena panza y un poquito afónica de tanto hablar.


Regresar a Trondheim fue una odisea. 26 horas de puerta a puerta. Se retrasó el primer vuelo desde Barcelona a Amsterdam y la conexión fue imposible. Un caos. Cola de dos horas para solucionarlo. Los críos con los pelos de punta. La escala de cinco horas de la ida fue una broma al lado de esto. Por suerte KLM respondió bien. Pagaron la noche de hotel en Amsterdam con cena y desayuno y nos recolocaron lo antes posible en dos vuelos al día siguiente.

Muy cansados, pero finalmente llegamos a Trondheim la tarde del martes. Al pasar de Holanda a Noruega, llega la tranquilidad de una forma evidente. Mucho más silencio, menos verjas en las tiendas, y poca sensación de control...La famosa confianza noruega que tanto me enamora.

Impacto al salir del avión en Trondheim y esos once grados bajo cero que te cortan la respiración. Como si de un reflejo se tratara, me coloqué mi gorro, mi buf y me sentí muy feliz al poner el primer pie aquí.

Hoy ha sido el día más frío desde que me trasladé a vivir a Trondheim. Diecisiete grados bajo cero.


La experiencia es impresionante y muy hermosa. El día ha amanecido bellísimo. Sin ninguna nube. Al respirar profundamente me he sentido increíblemente viva.  Y a eso de las siete de la tarde un manto de estrellas iluminaban mi barrio. Y es que los mejores placeres de la vida no se pagan con dinero.

Hasta la próxima



sábado, 12 de diciembre de 2015

Felices fiestas

Ha sido un tiempo intenso desde la última vez que escribí aquí, pero no podía faltar la entrada prenavideña en el blog con  las últimas novedades desde Trondheim. Escribir es siempre algo hermoso y relajante para mí.

Los martes por la tarde doy clases de español en el centro. El bus me suele dejar allí un poquito antes de la hora del curso. A esa hora la mayoría ha acabado de trabajar y hay muy poca gente por las calles. Uso ese tiempo extra para ir hasta la catedral de Nidaros y contemplarla embobada. Me fascina su majestuosidad. Y especialmente cuando hace frío, junto al cementerio. Le da un aire misterioso al estilo de las novelas del Romanticismo, que tanto me gustaban cuando estudiaba literatura en el insituto.


Este fin de año laboralmente está siendo positivo. He conseguido un trabajo remunerado como inspectora de exámenes durante dos semanas en la Universidad (NTNU)

De momento me ha tocado un examen de Política Asiática en Dragvoll, otro de Mecánica en Gløshaugen más uno de Química en Trondheim Spektrum. En éste último había unos 200 alumnos. La semana que viene me han asignado más exámenes.  

Mis tareas consisten en comprobar los carnets de los estudiantes, repartir los exámenes y llevar folios a quién los necesite. En los de ciencias también debo comprobar las calculadoras y los libros que llevan.  Además los acompaño hasta la puerta del lavabo si necesitan salir o a estirar las piernas.  Recuerdo que con los nervios de los exámenes siempre tenía muchas ganas de ir al lavabo. Pero en Barcelona no está permitido. Al menos en mi época.

Mis compañeros de trabajo son gente mayor. Al parecer es un trabajo típico de jubilados. Son muy amables y tienen mucha paciencia. Y me gusta porque  por un ratito soy la niña allí.

Me encanta ver a tantos estudiantes de un lado para otro. Me trae muy buenos recuerdos de mi época universitaria en Barcelona. A veces me planteo estudiar alguna cosa por aquí , quién sabe si en 2016 jeje. Asimismo, me pareció curioso que en el examen de Mecánica  un 35% de los candidatos eran chicas. Las carreras técnicas son mayoritariamente masculinas en muchos lugares. Es un gusto ver que algunas cosas van cambiando. 

También estoy esforzándome de nuevo por conseguir unas prácticas remuneradas en la ciudad. El director del local de mujeres me está recomendando a varias oficinas. Y luego hablé de nuevo con el NAV esta semana. Parece que finalmente puedo acceder a ver algunas ofertas en prácticas también en oficinas. Si esto no cuaja quizás haya algunas barnehage donde tenga posibilidades. Ahora, aunque sigo con el voluntariado los viernes, me he puesto otra vez a saco con el tema laboral.

Las julebord o cenas de Navidad han sido especiales por diferentes motivos. Ninguna desmadrada, pero todas llenas de buenos momentos. Y he recibido algunos regalos especiales. Una mermelada de cereza hecha en casa, un buf de lana tejido a mano y una vela.



Con dos amigas también hicimos una noche de chicas y fue muy divertido. La verdad es que son las primeras personas que conocí al llegar aquí y seguimos siendo amigas. Y ahora puedo decir que muy buenas amigas.

Por último, aquí os dejo con el regalo que yo misma preparé  (excepto la vela) para la julebord latina. Un sacapiojos o adivinador y una vela. Compré papel de origami en Tiger y estuve mirando tutoriales en You tube. En la foto no se ve pero también añadí dos palitos de helado. En ellos escribí dos de mis citas preferidas. Made in Julio Cortázar y en el  libro de "El Principito", cómo no jeje.



Los chicos andan muy atareados con el final de año. El desfile Santa Lucía, concierto de Navidad, manualidades, regalitos. Este año el calendario de adviento es de Lego. Yo intenté que fuera de chocolate, pero nada... Ellos preferían algo creativo.

Con Arnau fui al Rosenborg a finales de noviembre. Estaba muy contento. Nunca hubiera imaginado comer palomitas y beber cola a uno o dos grados. Pero vaya... Aunque no soy fan del fútbol ni de la cola, pasamos muy buen rato los dos juntos.

También fue mi cumpleaños. 37. Un año más vieja, un año más sabia, loca y rara. Pero en cualquier caso contenta de de poder cumplir años.

Si hago balance del año 2015, puedo decir que ha seguido siendo un sinfín de emociones como el 2013 y el 2014. Ser emigrante te garantiza una vida llena de sorpresas. Algunas de ellas duras. Pero ha habido otras absolutamente hermosas e indescriptibles. Hoy en esta evaluación del 2015, decido quedarme con lo positivo y bonito.  Eso sí, me tomo unas vacaciones pronto. Confieso que tengo mi energía bajo mínimos y muchas ganas de mimos y abrazos de los míos en Barcelona.  Ya queda poquito. Luego en 2016 de vuelta a Trondheim con las pilas cargadas.


Felices fiestas y próspero año nuevo 2016. Hasta la próxima.




domingo, 4 de enero de 2015

Emprendedora

Ya vuelvo a estar por aquí tras unas buenas vacaciones navideñas. Viajamos a Barcelona algunos días. Buena comida, buenos ratos y lo mejor, la compañía. Familia y algunos amigos. La próxima vez esperamos poder ver a los que no ha sido posible en esta ocasión. Los chicos han disfrutado con los primos. Cuando se juntan es un festival. Asimismo hemos pasado algunos ratos los cuatro solos. En especial por nuestro querido barrio de Sants.

Curiosamente el ajedrez ha hecho estragos como regalo de Navidad. Aquí tenéis a este par de dos concentrados al estilo Magnus Carlsen


Os dejo algunas fotos de nuestros rincones preferidos de la ciudad que quedan para el recuerdo.

Ese arrocito negro en El Vell Poblenou,


Un suizo energético en La Granja,


Un cocktail, risas y música en Lunatic,

                        Imagen del facebook de Raúl Alcaraz (artista) A ver si me encontráis ;)

Uno de los momentos más entrañables fue el encuentro con Toril del blog Nordveien. Espontánea y llena de energía. Un enorme klem para ti. Nos encantó conocerte.

Imposible reproducirlo todo, claro está. Ahora de vuelta a Trondheim cambiamos el chip urbanita por la nieve. He aquí una muestra de cómo se toma el sol en Noruega.


Por cierto, si pincháis aquí podéis leer mi última colaboración con la revista digital Familias en Ruta sobre la época del adviento en Noruega.  Espero que os guste.

Y aunque lo principal es y siempre será el ser feliz, os dejo una lista de propósitos menos etéreos, pero no por ello menos importantes.

1. Aprender a esquiar (crosscountry) Acepto todos los consejos pues antes de la fiesta de esquí de la barnehage (febrero o marzo) deberíamos adquirir el material necesario (de segunda mano para empezar)

2. Ver nacer y espero que crecer mi empresa. Aparte de colaborar con la escuela de idiomas, os presento desde hoy a Spansk med Lidia, mi propia compañía como profesora de español en Trondheim. Para los que estén lejos también tendré presencia on-line.  El papeleo está hecho y ahora falta empezar con el marketing. Pronto la web estará lista con más información. Por supuesto, todas las recomendaciones son bienvenidas. Desde aquí darle las gracias a Ingrid de Kulturkoordinator por toda la ayuda, el empuje y la energía que me ha brindado para hacerlo posible.

3. Seguir mejorando mi noruego y continuar abierta a nuevas oportunidades.

Hasta la próxima!

PD: Benvinguts Yago, Bàrbara i Eric!









martes, 16 de diciembre de 2014

Y llegó la nieve y otras historias

Llegamos a final de trimestre. Cada día los chicos tienen cosas nuevas y son días con mucho ajetreo en casa.  Un día han de ir elegantes para su julebord o comida de Navidad en la escuela. Otros vestidos de rojo para recibir al Julenisse.  

No faltó este año la fiesta de Sankta Lucia. Fue precioso ver al pequeño vestido de blanco con su vela y su corona gris en la barnehage. Cantaba los villancicos muy emocionado.  Este jueves será la fiesta del Julenisse y tendremos concierto del mayor y el pequeño vivirá una fiesta especial en la barnehage sólo para niños y empleados.

Tiempo de historias y cuentos para los críos. Hoy la profesora del mayor me comentaba que estos días explican muchas historias sobre el fjellnisse (el nisse de la montaña) y el fjøsnisse. Y es que hay un montón de "nisse" en Noruega. Algo que tengo pendiente de investigar en el nuevo año que llega. Este viernes en la escuela harán de detectives con linternas a ver si encuentran a algún nisse en el patio.

Para los que estéis interesados en la cultura noruega no os perdáis este vídeo de Snekker Andersen og Julenissen, el cuento tradicional de Navidad de Noruega. Muy bonito y tierno.


También ha llegado el mercado de Navidad a Trondheim. Este año no he podido participar como voluntaria, pero sí lo he visitado. Me encantan las paradas de prendas tejidas que tienen. Dan ganas de ponérserlo todo encima. Y más ahora que ha llegado finalmente la nieve a la ciudad. No olvidéis de visitar la cafetería. Comida deliciosa en un ambiente precioso.

Y después de unos meses intensos...Llega un tiempo de desconexión y estar en familia, por lo que me despido de todos vosotros hasta año nuevo. ¡Feliz Navidad y próspero año nuevo a todos y a todas! Vuelvo en 2015...




miércoles, 10 de diciembre de 2014

De corazón

Así son los días previos a la Navidad en Noruega.  Este fin de semana pasado fue la Julemesse de la barnehage del pequeño. Masse arbeid, men artig arbeid! El sábado lo estuvimos preparando todo. Especialmente los premios para la rifa y el sorteo. Para algunos de ellos buscamos patrocinadores por la ciudad. Yo conseguí algunas cosillas de merchandising, cortesía de la empresa donde trabaja Pau. 

Cada familia aportaba tres cosas para vender también y así poder recoger dinero para actividades para los críos.  La mayoría pasteles y muffins y también cosas de strikking preciosas. Gorros, pantalones, guantes y otros. En la barnehage los niños también prepararon manualidades que se pagaban con la voluntad.

Yo era encargada de organizar el cuentacuentos. Dos jubilados del barrio muy amables, Kari y Christer, fueron los narradores. Fue un éxito total. A los niños les encantó y muchos padres elogiaron la actividad en la barnehage el lunes. La verdad es que leían muy bien y también iban cambiando las voces según el personaje. Bonito y divertido a la vez.

Así que entre cuentos, rifas, cafetería y venta de cosas artesanales pasamos una buena mañana de domingo.

Lo cierto es que aunque estamos en la época más oscura del año, se vive tanto la pre-Navidad que la falta de sol no resulta tan dura. Muchas velas y luces de todo tipo brillan en las ventanas de las casas. Y hay un montón de actividades como talleres de galletas, manualidades y otros. 

El sábado el vecino vino a recoger a Arnau para jugar. Iba vestido de julenisse. De repente sacó una bolsa transparente con una galleta gigante en forma de corazón. También le dió un paquetito minuciosamente envuelto. Dentro diamantes de plástico, muy populares entre los chicos de la escuela. Todo un detalle.

Ahora tanto en la escuela como en la barnehage hacen algo que me sorprendió positivamente. Cada día un niño o una niña sale unos minutos fuera de la clase. Mientras, los que se quedan dentro con el maestro o maestra piensan qué cosas les gustan del que está fuera. Todas las cualidades se anotan en una cartulina en forma de corazón. Al final del día se la dan al agraciado. Al mayor ya le ha tocado. Salió la mar de feliz.



En cuanto a mí  llega el final de la orientación laboral con Kulturkoordinator.  Y tengo una buena noticia para compartir. Desde enero hasta abril estaré de prácticas unas horas en una asociación de la ciudad. Estoy muy contenta.  Es una organización noruega que ayuda a los familiares de personas en prisión. Una mezcla de trabajo social con derecho. Cosa que me encanta. No son remuneradas, pero para mí representa una gran oportunidad y tengo muchas ganas de empezar. Por otro lado, tengo otro proyecto en el horno muy, muy calentito. Pronto os cuento más. 

Por último, he resultado afortunada en un sorteo de una julemesse del barrio. Cuando me llamaron ayer no me lo podía creer. Primero emocionada, porque entendí gran parte de la lllamada en noruego y segundo, porque he resultado agraciada con una noche más desayuno para dos en uno de los hoteles más bonitos de Trondheim jijij. 

Hasta la próxima!









viernes, 28 de noviembre de 2014

Apurando el mes de noviembre

Unos días de recargar pilas. Estuvieron mis suegros en casa durante ocho días. Y la verdad es que fue muy bonito y especial poder enseñarles el barrio y el estilo de vida que llevamos aquí, tan diferente del de Barcelona. 

Tres de estos ocho días estuve en Basel. Conocí a mi nuevo sobrino y de paso cogimos más confianza con mi sobrina Silke. Siempre nos hemos visto con mucha gente alrededor. Y la verdad es que ésta ha sido una buena ocasión para estar juntas. Mi madre también estuvo allí.  Así que paseos a la orilla del río, buen chocolate, cerveza belga cortesía de mi cuñado y una gran compañía hicieron de esta pequeña escapada una fuente de energía y de descanso a su vez.

Por otro lado, sigo con el curso de noruego, aprendiendo todo lo que puedo. El proyecto de orientación laboral continua, pero ya llego a las últimas semanas de éste. En breve, os cuento más.  Asimismo, ya acabé los cursos de español con las señoras y ahora estoy en el ecuador de uno con una pareja muy maja. 

Cambiando de tema, Trondheim ya se viste de Navidad total. Hasta los cartones de leche llevan un Papá Noel impreso. Este fin de semana iremos a casa de unos amigos y los chicos prepararán las famosas pepperkaker y los mayores beberemos gløgg. Aunque al parecer lo típico ahora es cocinar en casa hasta siete tipos de galletas. Para más información sobre el tema  podéis pinchar aquí. He aquí una foto ilustrativa del supermercado con todos los tipos de galletas.


Por último,  parece que la nieve no llega. La temperatura hace el tonto. Unos días estamos sobre cero y en cambio otros baja hasta tres grados negativos. Aunque la oscuridad ha llegado, no se puede decir que esté haciendo un frío de la época.

¡Hasta la próxima!