viernes, 24 de enero de 2020

Carta a mi padre

Viernes 29 de noviembre de 2019. Estás sentada en tu silla de la oficina. Las teclas van  sonando acompasadas. Bastante satisfecha con la decisión que acabas de escribir piensas, pero como siempre la relees varias veces. No tienes remedio y sonríes hacia dentro. Todo va bien te dices a tí misma. Tan solo son las diez y media. Parece que el día de momento no presenta casos de esos que has de reaccionar a la velocidad del relámpago.

La luz del teléfono empieza a parpadear. Al principio lo confundes con algún usuario que llama, pero ves que el teléfono del trabajo está oscuro. Agarras a toda velocidad tu móvil particular.  No quieres creerlo cuando ves el prefijo español delante. Te acuerdas cogida a su pierna de niña, y sabes que tu héroe de carne y hueso se desvanece. 


Te metes como puedes en una sala discreta de la oficina y descuelgas. Es tu hermana pequeña que te pide que vengas. Que no va bien, que habla un poco, pero que pronto ya no lo hará. Qué bueno sería tener a mano un bastón donde sujetarme, porque el equilibrio empieza a fallarme. Salgo afuera y pido un abrazo a mis colegas. Me lo dan. Por un momento me siento fuerte. Recojo a toda prisa mis cosas. Llego a casa.

Cogemos vuelos. Al aeropuerto. Las azafatas creen que tengo miedo de volar porque estrujo la mano de Asbjørn  durante todo el viaje. Los niños me abrazan muchas veces. Once de la noche. Taxi al hospital. Quieres parar el tiempo, pero no puedes. Lo inevitable sucede unas horas después rodeado de la mejor intimidad que una familia puede regalar.

Eres elegida junto a tu hermana Carla para tarea tan importante como es hablar sobre tu padre el día de su funeral. En el velatorio te reúnes con toda la familia. Con lágrimas en los ojos, risas llenas de cariño y muchos abrazos, cada uno de nosotros piensa que queremos compartir con el público presente en la sala. Y como no con nuestro querido padre, Pablo. Pol para muchos.  Difícil reproducir un parlamento en el blog, pero lo vas a intentar. Empiezas por el principio. Y te decides por cambiar los tiempos verbales y la orientación del texto.

Como dice mi hermana Berta a día de hoy no sé por qué te llamamos Pol y no papá.  Nos enseñaste a ir en bicicleta en tu adorada Villafranca del Cid. Nos traías sugus cuando ibas de viaje. Y tenías un máster de ducha infantil. Secando a tirones nuestro pelo largo y chamuscándonos las orejas. Las cuatro en fila india, Lidia, Berta, María y Carla. 

Hasta que llegó Pablo, el pequeño de la casa. Siempre fuiste a todos sus partidos de fútbol. Eras su aficionado número 1. Un día incluso hiciste de entrenador con el consiguiente enfado de mi hermano. Al final el resultado fue 8-0 favorable. 

Quizás te equivocaste con la abogacía e ibas para entrenador. ¿Quién sabe? Pero vaya, sabemos que eras muy feliz  en tu trabajo rodeado de buenos compañeros y casos emocionantes. Recuerdo cuando viniste a uno de mis primeros juicios. Los dos nos veíamos tan lindos con la toga.

Responsable,humano y un gran profesional. Siempre eras puntual. Tanto que un día que acompañó al aeropuerto a mi hermana María, estaba tan nervioso por llegar a la hora...que se fue con el tren de antes con la maleta de María sin María. La mamá no se lo podía creer.

Tus nietos te adoraban. Pol dice que eres el mejor y siempre te querremos, Gonzalo que fuiste muy buena persona y, sin duda, el mejor abuelo del mundo. LLuc que siempre estarás en nuestro corazón. Arnau y Adrià más escuetos pero llenos de amor te dicen "Te queremos mucho, avi". Sander y Silke te van a echar mucho de menos. ¿Quién les leerá el cómic de Batman o el cuento del pastel de los Pitufos?. Simon y Roger se quedan con el amor de un abuelo experimentado. 

Papi, la mamá y tú nos habéis enseñado cómo se puede amar de una forma incondicional y habéis formado una familia que es una piña. Y que tiene el grupo de WhatsApp más largo de la historia. 

De ti aprendimos todos y cada uno de nosotros, Lidia, Berta, María, Carla y Pablo a ser constantes y honestos. A no rendirnos nunca. De ti sólo se podía aprender una cosa: A ser buena persona. 

Para mi padre, las cosas superfluas no eran importantes. Y por ello su ceremonia de despedida fue sencilla y austera. Durante los dos últimos años hizo frente al cáncer con todas sus fuerzas. Por expreso deseo de nuestro padre, colaboramos con entidades que trabajan con nuevos tratamientos del cáncer, cómo mejorar la calidad de vida de los enfermos y sus familias. Algunos ejemplos son la Oncolliga o Fundació Kalida de Sant Pau.  Mi padre también colaboraba con la Fundació Pere Mitjans. En uno de sus centros vive su hermana Carmen, que es, una de las personas que más quiere en el mundo. Animamos a quién lo desee a hacer lo mismo.

                                Pol y The Beatles. Inseparables.

Papi, te has ido demasiado pronto. Uno de tus mejores amigos nos dijo que llegaste sin hacer ruido, y te fuiste sin hacer ruido también. Así es.

La mami siempre dice que la gente está mientras la recuerdes y la lleves en el corazón. Recuerdo que me dijiste que ibas a comprar un jersey para venir a visitarnos a Noruega y no tener frío. Recuerdo que te habías estudiado cómo llegar a nuestra casa a través de Google. 

A veces cuando bajo al bosque que rodea nuestra casa, te imagino allí con un jersey de reno y hablando con diminutivos, como solías hacer. Y sonrío y a la vez se me escapan algunas lágrimas o lagrimillas que dirías tú.

Muchos abrazos y besos de todos nosotros, tus hijos, tu mujer, tus yernos y tu nuera favorita, así como de toda la gente que te quiere, Pol.

Te envíamos unos dulces que sabemos que te habrían gustado.


Y la canción que más escuchabas últimamente...


domingo, 17 de noviembre de 2019

Culo de mal asiento

Cada día aprendo cosas nuevas en la granja. Este verano-otoño nos hemos lanzado con el "hesjing". Se trata de secar hierba y convertirla en heno, que luego es alimento para ovejas y otros animales.

Aún no tenemos ovejas en la granja, pero en la familia de mi chico, Asbjørn, tienen. Su prima nos enseñó todo el procedimiento . Ella es especialista en ovejas y le pareció divertido compartir sus conocimientos con nosotros. Y a nosotros aprender este oficio milenario.

Primero a preparar la instalación con palos de madera y alambre.




 Luego a cortar la hierba y a preparar montoncitos.



Por último, la parte más social: Colgar la hierba para que se seque.



La hermana de Asbjørn y sus hijos también se apuntaron. Y también su prima y su familia. Así que terminó siendo un día muy social tanto para mayores como para pequeños.



 Y al cabo de tres semanas a empaquetar la hierba seca.


Como culo de mal asiento  que somos, el otoño también ha venido de la mano de otro proyecto. Nos hemos lanzado a construir un gallinero. Los niños están muy ilusionados con la idea de tener huevos frescos. Y los mayores, lo mismo.

Este proyecto ha sido más largo y complicado de lo que imaginábamos. Pero a golpe de martillo y sierra, monta y desmonta, lo hemos conseguido.

 Desde los cimientos.


Pasando por la estructura y el aislamiento.




Construyendo paredes y tejado en los bellos colores del otoño.





Llegando a los colores del temprano invierno.





Y dejando la parte exterior del gallinero para la primavera. Como la tierra ya está helada, no se puede fijar la verja de metal en el suelo.

Tras unos días trabajando con la fachada...



El gallinero está listo para recibir a sus nuevos habitantes. 


La puerta y las ventanas las conseguimos gratis en la popular web noruega www.finn.no. El resto hemos tenido que apoquinar nosotros comprando en las  populares tiendas de "háztelo tú mismo" de Noruega.Si tenéis curiosidad podéis echar un vistazo a la web de Byggmaker, Byggmax o Biltema. Puedo decir que nos conocen bien en todas las tiendas de construcción de las cercanías (jeje)

Ahora hay que comprar algunas cosas para el interior del gallinero y decidir la raza de las gallinas. También habrá gallo. Según dicen, los machos son capaces de intuir cuando hay un zorro / lince en las cercanías y avisa a las gallinas. La idea es comprar las gallinas y el gallo en alguna granja cercana en enero.

El otoño - invierno también ha venido de la mano de dos viajes. Un fin de semana largo con mis antiguos colegas de Levanger a Copenhagen (preciosa) Muy especial sentirse tan incluída, pese a no trabajar con ellos ahora. Luego un viaje corto y muy emotivo a Barcelona junto a Asbjørn. A dar un buen abrazo a toda la familia y a celebrar la vida juntos. Y con un poquito de tiempo para una de mis mejores amigas (gràcies, bonica per l'estoneta juntes!) 

Nos llevamos castañas de Barcelona y las hicimos en casa en Noruega. Aunque el Halloween triunfa que no veas, me hace ilusión ver a los niños comiendo castañas. Y que tengan presente esta tradición tan sabrosa de su también tierra catalana el 31 de octubre - 1 de noviembre.


Por el resto, el viernes ya tuve la cena de Navidad (julebord) con los colegas de Trondheim. Aquí vamos pronto, pero casi que se agradece. Así no se juntan muchas cenas seguidas y se puede disfrutar de cada ocasión. Ahora mismo me siento contenta, porque me han renovado el contrato hasta la próxima primavera. Entonces ya será casi un año y medio trabajando seguido allí. Algo para celebrar.

Volviendo  a la cena de Navidad. Es bastante especial porque todo el mundo se arregla mucho. Las mujeres con vestidos y los hombres con traje. Yo elegí uno lila tipo kimono cruzado por encima del tobillo. Tengo dos vestidos de fiesta en casa y los voy combinando según la ocasión. Los que me conocen ya saben que mi ropero no es muy grande y que solo tengo una cajita de maquillaje para la cara. Pero vaya, aunque soy pragmática, me pongo guapa cuando la ocasión lo requiere.

La noche empezó a las 18h con una bebida y a las 19h la cena. Probé los platos típicos navideños noruegos: ribbe (costilla de cerdo), pinnekjøtt (costilla de cordero al vapor) y lutefisk (pescado blanco seco y soda cáustica). También había pan artesano, salmón ahumado, buenos quesos y embutidos típicos noruegos. La selección de postres muy de aquí también. Con crema de moras árticas, muffins con frambuesas o kransekake (mazapán).

No fallaron el Kahoot con preguntas curiosas, chistes y canciones durante la cena. Fue muy koselig que dicen aquí. Luego a partir de las 23h había baile, pero estoy un poco constipada y ya me fuí para casa. A esa hora también las fiestas noruegas se pueden volver muy locas. Sólo os digo que hay un dicho noruego que dice que "lo que pase en la cena de Navidad, se queda en la cena de Navidad". Y no cuento más.

Hasta la próxima


viernes, 19 de julio de 2019

Un rayo del sol

Un rayo de sol y 18- 22 grados marcan la llegada del verano en tierras noruegas.  Y lo rico del verano con buen tiempo por aquí. Días largos y activos gracias al sol de medianoche. Con pequeños placeres de la vida incluídos.

Y es que he descubierto un helado muy popular entre los noruegos. Lo tenéis que probar. Se llama Båtis (båt significa barco). Hace las delicias entre los niños, pero también entre los mayores. Chocolate, nata, mermelada y galleta. No falla. El otro día una compañera trajo Båtis a la oficina.Por cada día de sol lo celebramos con una pequeña pausa comiendo helado. La propuesta tuvo éxito y ahora llevamos tres días seguidos gorroneando en el congelador. Somos un peligro, Y es que hemos tenido unas semanas con una manta de lluvia, que tela marinera.

La cervecita al aire libre también sabe a gloria  en Noruega. Hace pocos días fui con una amiga a tomar una y lo pasamos muy bien. Me he aficionado a la Pale Ale. Se ve que le ponen algo que se llama "humle". Yo pensaba que tenía que ver con las abejas, porque "humle" significa abejorro. Pero resulta que también es el nombre de una flor que le da ese gustito tan especial a la cerveza. Y como ya sabéis a mi la curiosidad me puede. Y a mi chico pues lo mismo. Así que nos hemos lanzado...a fabricar nuestra propia cerveza en la granja jeje.



El viernes ponemos nuestra primera creación - siguiendo una receta - en botellas. Y en cosa de 4- 6 semanas ya se puede beber. Es divertido aprender todo el proceso de fabricación. Mezclas de diferentes ingredientes, temperatura arriba y abajo...


Por otro lado, la huerta va haciendo sus pinitos. Las patatas crecen a buen ritmo. Parece que tendremos buena cosecha en octubre.  Ya hemos podido consumir algunos rábanos. Son  muy agradecidos y fáciles de mantener. Los guisantes y las zanahorias también progresan adecuadamente.


Las coles y las fresas con tanta lluvia y falta de sol están sufriendo, pero a ver si se arregla. Al menos las fresitas salvajes no fallan. Son una auténtica delicia. Y tampoco el ruibrarbo. Los noruegos comen el tallo crudo con ázucar o hacen mermelada del tallo. La primera opción es algo ácida para mi gusto, pero la mermelada es puro vicio.


Ha habido también tiempo para una semanita de vacaciones en junio. Acampando en Nordland. Con uno de mis paisajes favoritos. Montaña y costa. Y viendo a los populares railecillos ("puffins" en inglés) Unos días muy lindos.




Pronto un poquito más de vacaciones. A ver a padres y hermanos con los niños. Con muchas ganas. Que ya son muchos meses desde Navidad.

Hasta la próxima


jueves, 30 de mayo de 2019

Raíces

De vuelta al blog. Siempre digo que no tardaré en escribir y al final, entre una cosa y otra, desafortunadamente no encuentro nunca el momento. Empiezo en marzo. Tuvimos una Pascua con un sol radiante, hyttetur (excursión a una cabaña) con los niños y visita de mi hermana Berta. Lo pasamos bomba. Gracias por venir, tata.

En mayo cuando menos lo esperábamos volvió el invierno noruego. Grados bajo cero y frío pelón. Ahora parece que se va a estabilizar el tiempo. Al fin llegó la primavera a Buvika.



En la granja empezamos a adquirir plantas hace algunas semanas. La tierra de calidad para las macetas y las patatas las compramos en Felleskjøpet, la tienda de los granjeros en Noruega. Luego fuimos a Plantasjen a por flores y semillas. Y allí, de repente, en medio de la tienda, me quedé embobada. Ante mis ojos, una hilera de olivos preciosos a la venta. No me pude resistir y nos llevamos uno. Vuelta a mis raíces y lagrimillas en los ojos. Y es que en abril  mi chico y yo estuvimos nueve díasen Andalucía. Muchas emociones, paisajes impresionantes y excursiones bonitas. Centro de operaciones: Zuheros.



 Allí nació  creció mi abuelo materno. Gracias al primo de mi madre dimos con la finca de olivos de la familia.



También localizamos la tumba de mi bisabuela materna. No la conocí, pero una vieja carta que la familia conserva me hizo sentirla muy cerca. Orgullosa de que en mi familia haya tantas mujeres valientes. Luego llegó la última sesión del curso de pájaros. En seis días Doñana, El Rocío, Ronda y Tarifa, entre otras ubicaciones. Inolvidable.  


Y vuelvo a la granja. Tras las compras plantíferas, me lancé a llenar la terraza de margaritas, pensamientos y crásulas. Un poco de color nunca viene mal y alegra mucho la vista. Me encanta meter las manos en la tierra húmeda, llena de raíces y piedrecitas que se cuelan entre mis dedos.

También ha tocado revisar la tierra para ver qué plantamos. Las ganadoras son las patatas, las fresas y las zanahorias. También nos hemos animado con unos guisantes dulces, rábanos y coles. Para ello compramos una máquina manual de arar de segunda mano y la conectamos al tractor. Fascinante como las cosas más primitivas son las que más me relajan.



Luego llegó el turno de descubrir nuevas herramientas para hacer la tierra más uniforme.  Mientras esperamos que parara de llover para empezar a cultivar, podamos los arbustos de bayas  y venga a quitar malas hierbas. Como la tierra llevaba años sin usarse, necesitaba minerales y abono. Así que hemos estado alimentándola lo mejor que hemos sabido.


Por otro lado, hemos recuperado una "caja de cultivo" que había en la granja. Allí los niños van a hacerse responsables de su minihuerta. Aquí los triunfadores han sido el oregáno, la hierba de cebolla y la menta. Con el calor llegarán el basilico y la lechuga.

Compré un libro para gente que quiere empezar con el autoabastecimiento, Hannahs hage (El jardín de Hannah). Hace unos días el mayor lo estaba leyendo con interés. La verdad es que no estamos seguros de cómo va a salir todo pero ganas e ilusión no nos faltan.

Y al fin llegó la hora de plantar...

Marchando una de fresas



Patatas


                                                   Nuestros guisantes

Y ya paro con las fotos de la huerta (ejem)

En cuanto al trabajo, voy a toda máquina. En Trondheim aparte de las tareas escritas, tengo mucho contacto con los usuarios. Es un no parar. Y eso llena a una a la vez que la desgasta. La máquina de la empatía y la conciencia a veces me causa mis crisis, pero disfruto, me siento muy orgullosa y estoy aprendiendo mucho.  Sé que valgo para esto. Trabajar en Bienestar Social es, con sus pros y sus contras, el trabajo de mis sueños. 

Para frenar los efectos de un día con historias muy duras, nada mejor que un paseo por la granja. O pegarme un bailoteo en zumba y hacer mis pinitos en  body pump después del trabajo. Aunque últimamente he ido poquillo al gimnasio. Y cómo no ayuda hacer algo fuera de la oficina con la familia, amigas o los colegas. A finales de abril vinieron los colegas de Levanger a Trondheim. Fuimos a cenar juntos y venga a hablar y hablar. No los veía desde enero, pero con ellos es como si el tiempo no pasara.  Son geniales. Hace pocas semanas un compañero de trabajo de Trondheim nos invitó a su casa. Pizza, quiz y buenas charlas. Y la semana pasada la fiesta veraniega - aunque hacía rasquilla - de la oficina.Las fiestas noruegas son un tanto especiales. A ver si os cuento algún día.

Cambiando de tema, el que está hecho un artista es el pequeño de la casa. Tras unos meses de teatro en la escuela cultural municipal, llegó el turno de ver la obra teatral. Muy especial porque participaban niños y niñas de 7 a 15 años.  Además reservaron la sala de teatro Olavshallen de Trondheim con capacidad para 300 personas. Había dos funciones una a las 12h para las escuelas y otra a las 17h para familias y amigos. Así que me cogí libre del trabajo y me ofrecí de voluntaria detrás del escenario a las 12h. Muy emocionante ver todo lo que pasa y nadie ve cuando uno está como público. Maquillaje, disfraces, música, luces. El título de la obra: "Drømmefabrikken" (La fábrica de sueños). Trataba de los tipos de sueños, cómo se fabrican...Y lo más emocionante: que pasaría si desaparecieran. Llenaron en ambas funciones.


  Ay los sueños y el sueño. Recuerdo a aquel doctor que, cuando la vida me dio limones muy ácidos en el 2015, me dijo: "Tú no necesitas ninguna medicina para sentirte mejor y dormir. Coge tu bici y pedalea, sal a dar un paseo cada día, ves de excursión...Y no olvides tomar el curso de asertividad" Aquél día salí muy frustrada del consultorio médico. Hoy solo puedo sentir agradecimiento por tan valiosos consejos.

Desde entonces  y también gracias a mi chico, que es un apasionado de la naturaleza, me he interesado mucho sobre el concepto de la "medicina verde" (grønn medisin en noruego). La  idea es que el contacto con la naturaleza mejora la forma física y la salud mental. Para ello he leído libros, entrevistas,  asistido a conferencias y como no...paso tiempo en la naturaleza.  No soluciona los problemas o los retos que me plantea la vida, día a día,  pero me siento más capaz de hablar y afrontar las cosas, tanto cuando salen bien como cuando no.

Ahora  sí me despido con una foto de la fiesta nacional de Noruega. A la izquierda traje catalán (pubilla) y a la derecha traje típico noruego (Sunnfjord)



Y acabo de teclear esta entrada junto a mi olivo. Siempre allí para sacarme una sonrisa, recordarme de donde vengo y regalarme un pellizco de hermosa melancolía. Esta entrada va para mis padres. Hasta la próxima.



viernes, 4 de enero de 2019

Un giro de 180 grados

Año nuevo y la conciencia que me dice que tengo el blog olvidado. Ay, ay Lidia que se pone a escribir de nuevo. La vida ha dado un vuelco los ultimos meses. Y no sé  muy bien por donde empezar pero quizás mejor por el principio. Las novedades incluyen nervios, risas, alguna lagrimilla y mucha ilusión.

Os escribo desde mi nuevo hogar en Buvika, a unos 22 km de Trondheim. Aquí nos mudamos el 1 de noviembre mi chico y yo junto a los niños. Ellos están aquí a semanas alternas.

Cada día descubrimos cosas nuevas.  Hemos ido a parar lugar muy tranquilo donde se pueden ver las estrellas, oír los pájaros e ir de excursión con tan solo salir por la puerta de casa.

Junto a la casa hay un segundo edificio, el granero - corral. Y no podía faltar un tractor.  Sí, sí nos hemos mudado al campo. Al frente una cabaña pequeñita muy coqueta, que también pertenece a la finca. Bienvenidos a la granja.


La idea es cultivar zanahorias, patatas y bayas, y tener algunos animales con el tiempo. Hemos empezado con una linda gatita. Los niños han elegido el nombre. El ganador, Stjerna, que significa "estrella" en noruego. Para los españoles se pronuncia "estierna". Llegó la semana pasada y ya nos ha robado el corazón con sus monerías y travesuras.


Para recapitular un poco todos estos meses sin escribir, iré haciendo flash-backs. Espero que no resulte muy confuso.

En octubre fui con mis colegas del trabajo a Barcelona y les hice de guía. Reservé una furgoneta con conductor para los 9 del aeropuerto a su hotel y del hotel al aeropuerto. Salió perfecto y solo costó unos 10 euros por persona y trayecto. Yo pernocté en casa de mis padres y ellos en Poblenou, donde según me comentaron también se divirtieron mucho.

Estuvimos en la Sagrada Familia, Parc Guell, Barceloneta, los exteriores del Maremagnum...Dos días y tres noches. Lo pasamos bomba. Les enseñé mis lugares favoritos y los lleve a comer tapas y paella. Y como no...al mercado a comprar jamoncito y otros embutidos. Les encantó el pan con tomate y el fuet. También tuve oportunidad de  estar con la familia y quedada express con las amigas.

La estancia en Barcelona es junto al viaje de empresa a Suecia uno de los mejores recuerdos del 2018. Nos invitaron a todos los empleados a dos días y una noche a un resort y organizaron actividades divertidas, conferencias motivadoras (la oficina se traslada más lejos en dos años y hay lógicamente inquietud) y comida rica.

También en diciembre cumplí los cuarenta. Edad que marca un punto de inflexión que no de seriedad, como demuestra la sopresa de mis colegas de trabajo.  Toda la oficina llena de globos y fotos. Menudas risas nos echamos. Son muy buena gente.

 

No faltó una fiesta en casa con gente especial, y buena comida. Fue bonito recibir abrazos, postales y algunos regalos pensados desde el corazón. Y es que hacía muchos años que no organizaba un festejo de este calibre. Luego hubo fiesta tranquila en familia y fuimos a cortar el abeto de Navidad en nuestro bosque. Mi primera vez. Emocionante.

                             


Y que no se me olvide el calendario de adviento de este año, uno de actividades y libros y el otro, el calendario de agradecimiento. Este segundo es si cabe aún más sencillo que el primero. Solo se necesita una naranja, clavos y cada día se saca uno y se agradece algo a la vida. Pues aunque la vida duele a veces, y mucho, no hay que olvidar las cosas buenas.




También hice un curso de conducción sobre hielo en diciembre, pues ahora cojo el coche cada día desde casa hasta la estación de tren. En esta época del año, el tiempo puede dejar las carreteras con hielo, nieve pastosa etc. Muy útil y lo recomiendo a todos los que no se hayan sacado el carnet de conducir en Noruega. Confieso que aún sigo sudando la gota gorda con la conducción y la climatología adversa, pero espero conseguir vencer el miedo este 2019.

Los 40 vinieron de la mano de una muy buena noticia. Me hicieron fija en la oficina de bienestar social de Levanger. Una mezcla de orgullo y felicidad me invadió. Mi primer trabajo fijo desde que emigré en 2013. Al fin la lucha ha dado sus frutos y además me ha regalado el trabajo de mis sueños entre buenos colegas. No me lo podía creer cuando me lo dijeron.

A los pocos días llegó el dilema. Positivo, pero no deja de ser un reto. Me ofrecieron un trabajo temporal en otra oficina pública mucho más cerca de casa. Fue una decisión dificil. Todo vino de repente cuando aún estaba con la miel en los labios.

Ahora la decisión está tomada. Aprovechando que en Levanger me conceden una excedencia con reserva de puesto de trabajo, me he lanzado. Y este 2019 trabajaré aproximadamente 9 meses en Trondheim. Sigo en la oficina social, pero esta vez llevaré otro tipo de temas más relacionados con ayudas para personas que padecen situaciones extremas. Ya os contaré.

Luego llegó el turno de celebrar las fiestas navideñas en familia. Primera parada Noruega y segunda en Catalunya. Es entonces cuando uno hace balance del año. Punzadas de alegría y dolor y a seguir creciendo como persona. Esto dará para otra entrada que no tardará en llegar.  De momento...

Feliz año nuevo desde Buvika





domingo, 16 de septiembre de 2018

Gotitas de vida

Viernes 27 de julio de 2018. Treinta tres grados. Estoy sentada en el porche de casa en Trondheim. Ola de calor total.  Ya me he zampado tres polos. Las abejas se están poniendo moradas con las gotitas de ázucar que caen y quedan pegadas en la mesa. Lindo observar la vida en estos diminutos seres.

Tenía planeado ir a coger frambuesas pero la temperatura es demasiado alta. Esto me confunde y aturde por completo. Pero escribir siempre es una buena salida en estas situaciones.  Extraño el fresquito noruego, pero seguro que llega en unos días. Hoy habrá guerra de globos de agua en el jardín cuando los chicos vuelvan de casa de sus amigos. Y que no falte una cervecita bien fría.

Las vacaciones de verano fueron indescriptibles. En muchos sentidos. Trataré de resumirlas. Empezaron con dos días familiares en Barcelona. Comida rica, muchos abrazos y sentimientos a flor de piel.




La tripa de mi hermana Carla nos hace muy felices a todos, aún tener  el corazón en un puño por los problemas de salud que han alcanzado a la familia. Júbilo y dolor en una misma balanza. Y entre todos encontramos el equilibrio. Somos una piña. Confirmar que la vida es hoy y ahora. Hay que saborear las gotitas que nos da la vida.

A esto le siguió un viaje  de seis días con diversas destinaciones que me regalaron una vuelta muy valiosa a mis orígenes. Os cuento. Primera parada:  Delta del Ebro. Arrozales, calor, pájaros y muchos menos mosquitos de los que esperaba. Lindo respirar su silencio, más hermoso hablar con su gente y disfrutar de su gastronomía. Por fin me pude zampar unos caracoles y una paella. Ay, ay, ay.



Al día siguiente a Almassora a visitar a mi tío Paco, que nos hizo una comida de rechupete. Y venga a charlar y a ponernos al día. Los años no pasan cuando la gente es una parte de tu corazón. Abrazos, Paco.

Por la noche alcanzamos el  pueblo de mi padre, Villafranca del Cid. Un lugar que alberga multitud de recuerdos de infancia. Recorrer sus paisajes, oler a tomillo, mariposas de todos los colores...La lista llegaría a infinito.


También dio tiempo de ver pueblos místicos como La Estrella o de postal como Mirambel.



Sin olvidar la excursión ornitológica con Birding Teruel que os comenté en la útlima entrada. Recomendado para los amantes de los pájaros. David nos trató de lujo y nos explicó multitud de cosas sobre la zona. Aparte de enseñarnos su masía, una delicia para todos los sentidos.



El momento de postal fue cortesía de La Puebla de Arenoso, de donde viene mi abuela materna. Ella, Celia, era una persona a que no se le caían los anillos por nada y se ataba los machos fuese cuál fuese la situación. Luchadora hasta la médula.

Mi última vez allí en La Puebla de Arenoso fue a los 3 años y ya tengo casi 40. Os podéis hacer una idea de lo emocionante que fue estar allí. A mi mami le hacía tremenda ilusioń que lo conociera y localizara la casa de mis bisabuelos. Allí nació y creció mi abuela. Tras intercambio de fotos con mi madre di con ella.


La casa parecía cerrada desde hace algunos años. Ante la insistencia de mi novio (no sé porqué a mí estas cosas me dan vergüenza) me lancé a preguntar por la calle sobre la casa y sobre mi abuela. Cuál fue mi alegría cuando conseguí conocer a las primas de mi mami. Y a la persona que casi me saca las lágrimas allí mismo, el mejor amigo de mi abuelo paterno. Me tuvo toda la tarde con los ojos empapados de la emoción.

A sus 92 años el hombre me contó la historia de mi amor de mis abuelos. Y cómo mi abuelo y él patrullaban por el pueblo juntos y se contaban sus historias. Mi abuelo, andaluz y guardia civil, tuvo que emigrar con motivo de su trabajo. El amor de mis abuelos fue polémico en el pueblo, una historia bien hermosa. Según cuentan lucharon contra viento y marea por defenderlo. Imaginar a mis abuelos allí paseando por las calles o junto al río es algo que nunca podré olvidar.

Llegó el turno de volver a la ciudad condal, la niña de mis ojos. Disfrutar de la familia y todos los hijos de mis hermanas y los míos juntos. Y esa charla con las amigas de siempre, que tanta falta hace y tantos buenos efectos tiene.

Mi hijo mayor tenía una ilusión tremenda por conocer la Sagrada Familia. Se siente muy fascinado por los edificios famosos. Si bien hay bastante turismo en verano, el templo merece la pena. También nos hicimos la ruta del bacalao de algunos museos. No faltaron el Cosmocaixa y el Museu Blau. Y a refrescarnos en la Torre de les Aigues y la Bassa de Sabadell.


Hoy 16 de septiembre consigo elegir todas las fotos y ultimar esta entrada en el blog en mi otro hogar, Trondheim. Aquí estamos en pleno otoño y con 12 grados. Y con la primera excursión en tienda de campaña con los niños superada. Les encantó y eso me da mucho gusto. Amor de madre que se diría.


Hasta la próxima. Y gotitas de vida para todos.