"Ro, ro, ro" ("Remad, remad, remad")
Este ha sido el lema para animar a la selección Noruega en el Mundial de Fútbol del 2026. No soy muy futbolera, pero reconozco que la emoción que se le ha puesto en tierras escandinavas ha hecho algo conmigo. Se ha creado una hermandad insólita en todo el país. Da igual que uno viva en el norte o en el sur. Todos remando a una y a la par por la nación.
Pena que la selección noruega no llegó tan lejos como anhelaba. En mi interior, albergaba el sueño de una final noruega-española. Lo que quizás más me sorprendió es la reacción noruega al ser eliminados. Ni destrozos, ni peleas, ni insultos. Organizaron una remada general en Oslo para recibir a los jugadores. Hasta el príncipe tocaba el tambor. La verdad es que me siento orgullosa de formar parte de la sociedad noruega. Y también de la de mi país de origen. Os cuento ya mismo.
La confusa y prolija burocracia tributaria española me dió el susto de tener que viajar de urgencia a España. A por documentación. En un plazo bastante corto. Tras varias semanas intentando solucionar el tema digitalmente desde la granja, me dijeron que esto sólo se podía arreglar de manera presencial. El único sitio con horas disponibles para hacerlo era en Cádiz.
Fue un jaleo todo el tema, pero conseguí girar la situación y convertirla en un viaje de lo más especial. Dejamos a Adrià a cargo de la granja, y Asbjørn y yo nos fuimos cuatro días para allí.
Cogimos unos vuelos a Málaga y alquilamos un coche para poder movernos con más facilidad. Nuestra base de geográfica estaba situada en el blanco pueblo de Arcos de la Frontera, en un hotel muy acogedor. Con la presencia de cigüeñas, que a mí siempre me parecen de lo más místicas y hermosas.
La gestión en cuestión costó más o menos una hora de hacer. La policia de Cádiz se mostró muy hospitalaria y relajada. Llevaba una de nervios que para qué y fue muy bueno encontrarse con personas humanas detrás del mostrador.
Los días pasaron volando haciendo la ruta de los pueblos blancos. Entre colinas, castillos, muros, girasoles, olivos y buena comida. Con la suerte de poder visitar maravillas como Arcos de la Frontera, Zahara de la Sierra, Setenil de las Bodegas o Grazalema. Sin olvidar la cueva de la Pileta.
Un día nos lo guardamos para Gibraltar y allí me derretí literalmente - por el calor y por los macacos. Son unas criaturas excepcionales. Se cuidan los unos a los otros y protegen con fervor a los más pequeños. Una niña inglesa nos dijo con los ojos brillantes "there are baby monkies here". Esa carita de felicidad aún la retengo en mi mente.
También me hizo mucha ilusión ver a Asbjørn comiendo tanto jamón del bueno sin que las ganas menguaran. O bebernos el salmorejo como el agua. Tomar fotos y disfrutar de los momentos. Sin duda, uno de los más únicos fue poder ver la victoria de La Roja en el parque de Arcos de la Frontera. Con mi vestido rojo, una cañita, el fulgor de la gente, y el orgullo de poder celebrar tamaño logro en mi otra casa.
Una vez más mis dos mundos convergen. Y, aunque me ven cara de guiri tanto en un sitio como en otro, sentí algo muy fuerte dentro de mí. En este viaje pensé mucho en mi padre. Tanto por los motivos que me llevaron a hacerlo, como por su pasión por el fútbol. Una sonrisa, por los recuerdos de una gran parte de la vida, se me dibujó en la cara.
A la vuelta visitamos el jardín botánico de Málaga - antes de volar hacia Noruega. Muy exótico. Me fijaba en todo, gajes del oficio y como inspiración para mi nuevo trabajo. Os traigo una muy buena nueva: Me han contratado dos años en el jardín botánico de Trondheim. Empiezo en agosto. Se abre una nueva etapa para esta mariposa remadora.
Hasta la próxima. Espero que pronto llegue mucha lluvia a España y se acaben los incendios.









































