Nuestra granja se llama Granly gård. Ly es cobijo, gran significa abeto. Y gård seguro que ya lo habéis adivinado: Granja. Y voilà. Ya tenemos título para esta entrada bloguera.
El abeto es el árbol que predomina aquí. Alto, simétrico, verde que te quiero verde, todo el año. Cuando sopla el viento a toda mecha en el fiordo del pueblo, los abetos paran la furia en nuestro hogar a 225 metros de altitud.
Es curioso también observar que el abeto es uno de los árboles favoritos de las ovejas y los corderos. O las gatas. Cuando llueve a cántaros o caen chuzos de punta es su mejor abrigo. Yo también lo he probado. Es sentarse debajo de sus ramas, y sentir el abrazo de un paraguas gigante. Un albergue para todo el cuerpo. Junto a su olor, me siento en la hospedería más chiquitita y hermosa del mundo. Al menos, a mí me lo parece.
En primavera llegan los nuevos brotes en las ramas. Dos tonalidades de verde en la misma rama. Me gusta probar la puntita. Es tierna, con un sabor especial y al parecer, tiene algunos beneficios para la salud.
Asimismo las ramas arropan a los pájaros de todos los tamaños y colores. Por las noches tienen la voz de las lechuzas. Durante el día los carboneros se marcan buenas fiestas allí. Un regalo para los oídos.
Por ello, me he decidido a hacer mi próxima entrega del estudio de jardinería sobre los abetos. Entre 6-10 páginas sobre cómo producirlos. Eligiendo lo que me emociona y lo que me ampara, es cómo me siento más feliz.
Acabo los estudios en Hardanger este verano. Junto a una asesora y mi doctora de cabecera, estoy empezando a trazar mi camino tras la vida de estudiante. Por lo pronto, hay algo más de burocracia y pruebas de lo esperado, y mi cabeza anda muy loca. Con varias posibilidades abiertas y sigo en el proceso de ir soltando.
Para soltar ha sido importante para mí el tener un lugar seguro. Junto a la granja, quiero dar las gracias a las personas mágicas que me estáis acompañando en este proceso. Por esos reels, mensajitos de aliento, interés genuino, tés, pastelitos, abrazos y apoyo. Agradecida porque me ayudáis a creer en mí y en que ser yo misma vale la pena. Porque véis lo invisible. Me siento afortunada de que estéis en mi vida.
Hasta la próxima


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