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martes, 25 de noviembre de 2025

¿Tinder granjero?

Hace poco me llegó un mensaje a mi Messenger. Un granjero se preguntaba si podría estar interesada en un carnero. Y a tan sólo media hora de casa en coche. Confieso que este año nos había pillado el toro. 

La fatiga ha hecho acto de aparición de nuevo. Llevo unos meses inestables y complicados, donde me veo obligada a tomar el día según viene. Y quién hace lo que puede no está obligado a más, que reza el popular refranero. 

Pero vayamos al tajo:  Estamos a noviembre, el mes del apareamiento, y sin novio para las ovejas. ¿Qué hacemos este verano y este otoño sin corderitos? Si la granja es una de las cosas que me da la vida.  

 
Lidia y Bolivia. Foto tomada por mi hermana María, que nos visitó con su familia este otoño :-)

Sin más dilación,  me decidí a poner un anuncio en el grupo de Facebook para encontrar a un donjuan para las ovejas. Lo confieso, mis medios sociales en internet son grupos de plantas y animales básicamente.  

Al fin llegó el match. El proceso fue divertido. El granjero me envió tres fotos de tres machos diferentes. Tendríais que haber leído la conversación y escucharnos hablar por teléfono. Que si la lana, la cara, los cuernos, las patas...sin faltar la cuestión obvia, el paquete. 

El domingo lo recogimos Asbjørn y yo y le pusimos el nombre más sencillo que se me ocurrió. Como sucesor de Guapo, no podía ser otro que: Bombón. Es jovencito, tiene seis meses.

A ver si hay suerte este año y, aparte de corderitos, podemos tener al carnero unos años. Bienvenido a la granja, Bombón.

Hasta la próxima, mi gente

lunes, 1 de julio de 2024

Hay

Hay fresas salvajes tras las primeras margaritas y flores de todos los colores. Hay el diente de león, que se pone como una pelota cuando lo sumerjo en el riachuelo. Hay libélulas que, batiendo sus alas con fuerza, dan un auténtico espectáculo de danza aérea.



Hay un pepino que asoma de la maceta en el invernadero, tomateras que no se deciden a echar flores, pero patatas que sí lo hacen en la huerta. 



Hay olor a pintura y un granero que luce cada vez mejor. Al rojo vivo.


Hay dos gatas felices de que los ratones sean más fáciles de cazar en la hierba. 

Hay pollitos nuevos y movimiento en el gallinero. Hay dos señoras gallinas que ronronean y comparten la maternidad (¿sororidad aviar?). Mientras una se alimenta la otra vigila a los polluelos, y viceversa.  Hay once chiquitines que aprenden a comer, a acicalarse las plumas y a beber copiando a sus experimentadas madres.


Hay también once ovejas. Cinco ovejas y seis corderos para ser más exactos. Bienvenidos al rebaño, Sjokolade, Mokka, Dagros, Inca, Turrón y Tierra. Hay diferentes personalidades en el género ovino - confiada, guardiana, tímida, sociable. Hay carreras, balidos, celos y mucho amor. 



Hay que  poner un cubo para las babas de los granjeros aficionados.

Hay el valle secreto y hay tu mano que sujeta fuerte la mía. Hay encuentros, mensajes y audios de personas que reconfortan.
 
Hay el tiempo que pasa.  Hay sol, sombra y lluvia. Hay helados, chocolate calentito, vestidos y jerseys. Hay aire entrando por la ventana algunos días y hay humo saliendo del horno de leña otros días.
 

Hay vida y hay verano noruego.

jueves, 22 de septiembre de 2022

Cómplices

Dicen que en los olores es dónde se almacenan con más fuerza los recuerdos. 

A mí el olor de pasteles me hace pensar en mi madre. Toda la repostería que nos preparaba de niños. Los perfumes de la cocina marinera me  transportan a momentos especiales. El aroma del café o del té me recuerdan a mis días en la facultad. 

La fragancia de las moras árticas me envía derecha hasta la primera acampada que hice con Asbjørn. Y de eso ya hace seis años. La esencia de las flores frescas, y la tierra mojada  me obsequian con la sensación de libertad. Y así podría continuar hasta el infinito.

A través de las fotos también podemos rememorar aquellos viajes, cumpleaños o experiencias de la vida. Pero sí algo se graba en el cerebro es cómo nos hacen sentir los demás,  y cómo nos hacemos sentir nosotros mismos. Las emociones. 

                             Entre girasoles. El pasado finde en Kristiansand. 

Me encanta la gente que es sinónimo de casa. Que no sólo es pero está. Uno de los tesoros más valiosos de la vida. Tengo la suerte de tener a algunas de ellas a mi lado, físicamente. 

Este verano fue muy emocionante el primer viaje al extranjero con los niños y mi compañero. Seis días entre Londres y la costa jurásica inglesa nos regalaron momentos impagables. Los recuerdos se fabrican como por arte de magia cuando pienso en ello.

                            Stonehenge, el favorito de los chicos. Muy místico.

A otras personas especiales las veo cuando se tercia. Con ellas siempre siento como si el tiempo no hubiera pasado. A veces, un extraño puede hacer de mi día un día especial. Me fascina también la gente que aparece de repente. La magia de los nuevos lazos. No todo en esta vida se puede planear. Más bien casi nada.

Con los animales me relajo mucho. Son agradecidos y fieles. Tienen sus rutinas, reglas y sentimientos.  Por otro lado, sigo trabajando con el amor propio.  Ahora me acabo de regalar un curso de escritura creativa on-line (empieza en noviembre) y una camiseta bonita. Me siento fuerte y hermosa con ella. Le estoy cogiendo el gusto a cuidarme.

Actitudes, abrazos, sonrisas, miradas, lágrimas.  Todo ello me hace experimentar que tengo cómplices de vida. Y que hoy amanecí filosófica. 

Amanecer en casa  

Hasta la próxima

sábado, 19 de junio de 2021

Me da la vida

Pustepause y tilstedeværelse son dos palabras noruegas que me gustan mucho. La primera significa tomar una pausa para respirar. La segunda es estar presente. Ambas han cobrado importancia los últimos años en mi vida.

Hará cosa de mes y medio  mi cuerpo se paró en seco. Literal. Estaba trabajando ya algo encorvada en la mesa de la cocina de casa desde hacía algunos días. De repente tuve que cesar de trabajar. Estaba totalmente entumecida en mis extremidades. Todos los pensamientos se habían marchitado. Como cuando uno resetea el teléfono móvil o el ordenador. 

Me asusté. Bastante. Me dí cuenta al momento de que me había presionado los últimos meses. Y que había reprimido ir soltando las emociones un poquito cada día. Y yo cuando me asusto pienso enseguida en tiritas.

No me preguntéis porqué, pero me vienen a la cabeza  mis épicas caídas en bicicleta de niña.  Y ahí veo a mi madre limpiándome la sangre con el chorrito de alcohol o agua oxígenada, mientras yo, extasiada, me quejaba  y miraba (a partes iguales) las burbujas que brotaban de mis rodillas. Todo eso mientras pensaba en la serie "Érase una vez la vida" y dramatizaba la situación en mi cabeza. Luego recuerdo, con una  extraña lucidez,  sentirme la más molona del lugar. Con mis rodillas llenas de mercromina y las tiritas en los codos. Una auténtica guerrera.

                      Imagen de "Érase una vez la  vida". Fuente: www.lainformacion.com
     

Lo de las tiritas no es un gran remedio cuando de la mente se trata. Pero la capacidad de buscar soluciones, aunque  el miedo haga estragos dentro de una, es algo que viene de serie en mi familia. Así que por lo pronto llevo algo más de un mes haciendo aquagym en grupo en la piscina  y me siento mucho más ligera. Somos un grupo bonito. Todo señoras y la mayoría oficinistas o maestras con dolor de espalda. La instructora es súper agradable. Me encanta porque nos pone música de los ochenta y música latina algunas veces.  

No es sólo el ejercicio que ayuda sino el tiempo para una misma. Y el estar más en el momento presente y no planificar todo al milímetro. Así que he empezado a dar algún paseo yo sola, coger la bici y a volver a ir afuera con la tienda de campaña. Con Asbjørn los dos solos. Y también los cuatro juntos.

 

Me da la vida cuando el mayor trae su primera trucha bien feliz. Tan fresca que se puede separar con los dedos.  El olor a pan casero hecho por el pequeño. Al escuchar los pajaritos que acaban de nacer en la cajita que les pusimos.  O al alzar la vista en la huerta de casa ante un estruendo repentino en el cielo. Ayer mismo. Nada más y nada menos que una lechuza con un ratón entre sus garras y varias crías de lechuza flanqueando a su madre a ambos lados.  Un momento diez. Y cómo olvidar el sonido del tocadiscos al bajar la aguja y la emoción de escuchar justo esa canción.

 


Los nudos en la garganta y las lágrimas también son parte de la vida. Como hace una semana. Que alguien muy especial que sufre demencia me hable en español. O que otra persona con la misma afección me coja cariñosamente por el brazo. Y que esa misma persona me suelte sin tapujos. "Eres tan guapa y estoy tan contenta de que estés aquí". Lo que se generó en mi cuerpo y en mi mente es  algo que no se puede describir con palabras.

Me da la vida cuando me paro a vivirla aunque suene a redundancia. Sólo se trata de recordarlo, aunque a veces no sea una tarea fácil.

Hasta la próxima.

 

viernes, 4 de enero de 2019

Un giro de 180 grados

Año nuevo y la conciencia que me dice que tengo el blog olvidado. Ay, ay Lidia que se pone a escribir de nuevo. La vida ha dado un vuelco los ultimos meses. Y no sé  muy bien por donde empezar pero quizás mejor por el principio. Las novedades incluyen nervios, risas, alguna lagrimilla y mucha ilusión.

Os escribo desde mi nuevo hogar en Buvika, a unos 22 km de Trondheim. Aquí nos mudamos el 1 de noviembre mi chico y yo junto a los niños. Ellos están aquí a semanas alternas.

Cada día descubrimos cosas nuevas.  Hemos ido a parar lugar muy tranquilo donde se pueden ver las estrellas, oír los pájaros e ir de excursión con tan solo salir por la puerta de casa.

Junto a la casa hay un segundo edificio, el granero - corral. Y no podía faltar un tractor.  Sí, sí nos hemos mudado al campo. Al frente una cabaña pequeñita muy coqueta, que también pertenece a la finca. Bienvenidos a la granja.


La idea es cultivar zanahorias, patatas y bayas, y tener algunos animales con el tiempo. Hemos empezado con una linda gatita. Los niños han elegido el nombre. El ganador, Stjerna, que significa "estrella" en noruego. Para los españoles se pronuncia "estierna". Llegó la semana pasada y ya nos ha robado el corazón con sus monerías y travesuras.


Para recapitular un poco todos estos meses sin escribir, iré haciendo flash-backs. Espero que no resulte muy confuso.

En octubre fui con mis colegas del trabajo a Barcelona y les hice de guía. Reservé una furgoneta con conductor para los 9 del aeropuerto a su hotel y del hotel al aeropuerto. Salió perfecto y solo costó unos 10 euros por persona y trayecto. Yo pernocté en casa de mis padres y ellos en Poblenou, donde según me comentaron también se divirtieron mucho.

Estuvimos en la Sagrada Familia, Parc Guell, Barceloneta, los exteriores del Maremagnum...Dos días y tres noches. Lo pasamos bomba. Les enseñé mis lugares favoritos y los lleve a comer tapas y paella. Y como no...al mercado a comprar jamoncito y otros embutidos. Les encantó el pan con tomate y el fuet. También tuve oportunidad de  estar con la familia y quedada express con las amigas.

La estancia en Barcelona es junto al viaje de empresa a Suecia uno de los mejores recuerdos del 2018. Nos invitaron a todos los empleados a dos días y una noche a un resort y organizaron actividades divertidas, conferencias motivadoras (la oficina se traslada más lejos en dos años y hay lógicamente inquietud) y comida rica.

También en diciembre cumplí los cuarenta. Edad que marca un punto de inflexión que no de seriedad, como demuestra la sopresa de mis colegas de trabajo.  Toda la oficina llena de globos y fotos. Menudas risas nos echamos. Son muy buena gente.

 

No faltó una fiesta en casa con gente especial, y buena comida. Fue bonito recibir abrazos, postales y algunos regalos pensados desde el corazón. Y es que hacía muchos años que no organizaba un festejo de este calibre. Luego hubo fiesta tranquila en familia y fuimos a cortar el abeto de Navidad en nuestro bosque. Mi primera vez. Emocionante.

                             


Y que no se me olvide el calendario de adviento de este año, uno de actividades y libros y el otro, el calendario de agradecimiento. Este segundo es si cabe aún más sencillo que el primero. Solo se necesita una naranja, clavos y cada día se saca uno y se agradece algo a la vida. Pues aunque la vida duele a veces, y mucho, no hay que olvidar las cosas buenas.




También hice un curso de conducción sobre hielo en diciembre, pues ahora cojo el coche cada día desde casa hasta la estación de tren. En esta época del año, el tiempo puede dejar las carreteras con hielo, nieve pastosa etc. Muy útil y lo recomiendo a todos los que no se hayan sacado el carnet de conducir en Noruega. Confieso que aún sigo sudando la gota gorda con la conducción y la climatología adversa, pero espero conseguir vencer el miedo este 2019.

Los 40 vinieron de la mano de una muy buena noticia. Me hicieron fija en la oficina de bienestar social de Levanger. Una mezcla de orgullo y felicidad me invadió. Mi primer trabajo fijo desde que emigré en 2013. Al fin la lucha ha dado sus frutos y además me ha regalado el trabajo de mis sueños entre buenos colegas. No me lo podía creer cuando me lo dijeron.

A los pocos días llegó el dilema. Positivo, pero no deja de ser un reto. Me ofrecieron un trabajo temporal en otra oficina pública mucho más cerca de casa. Fue una decisión dificil. Todo vino de repente cuando aún estaba con la miel en los labios.

Ahora la decisión está tomada. Aprovechando que en Levanger me conceden una excedencia con reserva de puesto de trabajo, me he lanzado. Y este 2019 trabajaré aproximadamente 9 meses en Trondheim. Sigo en la oficina social, pero esta vez llevaré otro tipo de temas más relacionados con ayudas para personas que padecen situaciones extremas. Ya os contaré.

Luego llegó el turno de celebrar las fiestas navideñas en familia. Primera parada Noruega y segunda en Catalunya. Es entonces cuando uno hace balance del año. Punzadas de alegría y dolor y a seguir creciendo como persona. Esto dará para otra entrada que no tardará en llegar.  De momento...

Feliz año nuevo desde Buvika





domingo, 16 de septiembre de 2018

Gotitas de vida

Viernes 27 de julio de 2018. Treinta tres grados. Estoy sentada en el porche de casa en Trondheim. Ola de calor total.  Ya me he zampado tres polos. Las abejas se están poniendo moradas con las gotitas de ázucar que caen y quedan pegadas en la mesa. Lindo observar la vida en estos diminutos seres.

Tenía planeado ir a coger frambuesas pero la temperatura es demasiado alta. Esto me confunde y aturde por completo. Pero escribir siempre es una buena salida en estas situaciones.  Extraño el fresquito noruego, pero seguro que llega en unos días. Hoy habrá guerra de globos de agua en el jardín cuando los chicos vuelvan de casa de sus amigos. Y que no falte una cervecita bien fría.

Las vacaciones de verano fueron indescriptibles. En muchos sentidos. Trataré de resumirlas. Empezaron con dos días familiares en Barcelona. Comida rica, muchos abrazos y sentimientos a flor de piel.




La tripa de mi hermana Carla nos hace muy felices a todos, aún tener  el corazón en un puño por los problemas de salud que han alcanzado a la familia. Júbilo y dolor en una misma balanza. Y entre todos encontramos el equilibrio. Somos una piña. Confirmar que la vida es hoy y ahora. Hay que saborear las gotitas que nos da la vida.

A esto le siguió un viaje  de seis días con diversas destinaciones que me regalaron una vuelta muy valiosa a mis orígenes. Os cuento. Primera parada:  Delta del Ebro. Arrozales, calor, pájaros y muchos menos mosquitos de los que esperaba. Lindo respirar su silencio, más hermoso hablar con su gente y disfrutar de su gastronomía. Por fin me pude zampar unos caracoles y una paella. Ay, ay, ay.



Al día siguiente a Almassora a visitar a mi tío Paco, que nos hizo una comida de rechupete. Y venga a charlar y a ponernos al día. Los años no pasan cuando la gente es una parte de tu corazón. Abrazos, Paco.

Por la noche alcanzamos el  pueblo de mi padre, Villafranca del Cid. Un lugar que alberga multitud de recuerdos de infancia. Recorrer sus paisajes, oler a tomillo, mariposas de todos los colores...La lista llegaría a infinito.


También dio tiempo de ver pueblos místicos como La Estrella o de postal como Mirambel.



Sin olvidar la excursión ornitológica con Birding Teruel que os comenté en la útlima entrada. Recomendado para los amantes de los pájaros. David nos trató de lujo y nos explicó multitud de cosas sobre la zona. Aparte de enseñarnos su masía, una delicia para todos los sentidos.



El momento de postal fue cortesía de La Puebla de Arenoso, de donde viene mi abuela materna. Ella, Celia, era una persona a que no se le caían los anillos por nada y se ataba los machos fuese cuál fuese la situación. Luchadora hasta la médula.

Mi última vez allí en La Puebla de Arenoso fue a los 3 años y ya tengo casi 40. Os podéis hacer una idea de lo emocionante que fue estar allí. A mi mami le hacía tremenda ilusioń que lo conociera y localizara la casa de mis bisabuelos. Allí nació y creció mi abuela. Tras intercambio de fotos con mi madre di con ella.


La casa parecía cerrada desde hace algunos años. Ante la insistencia de mi novio (no sé porqué a mí estas cosas me dan vergüenza) me lancé a preguntar por la calle sobre la casa y sobre mi abuela. Cuál fue mi alegría cuando conseguí conocer a las primas de mi mami. Y a la persona que casi me saca las lágrimas allí mismo, el mejor amigo de mi abuelo paterno. Me tuvo toda la tarde con los ojos empapados de la emoción.

A sus 92 años el hombre me contó la historia de mi amor de mis abuelos. Y cómo mi abuelo y él patrullaban por el pueblo juntos y se contaban sus historias. Mi abuelo, andaluz y guardia civil, tuvo que emigrar con motivo de su trabajo. El amor de mis abuelos fue polémico en el pueblo, una historia bien hermosa. Según cuentan lucharon contra viento y marea por defenderlo. Imaginar a mis abuelos allí paseando por las calles o junto al río es algo que nunca podré olvidar.

Llegó el turno de volver a la ciudad condal, la niña de mis ojos. Disfrutar de la familia y todos los hijos de mis hermanas y los míos juntos. Y esa charla con las amigas de siempre, que tanta falta hace y tantos buenos efectos tiene.

Mi hijo mayor tenía una ilusión tremenda por conocer la Sagrada Familia. Se siente muy fascinado por los edificios famosos. Si bien hay bastante turismo en verano, el templo merece la pena. También nos hicimos la ruta del bacalao de algunos museos. No faltaron el Cosmocaixa y el Museu Blau. Y a refrescarnos en la Torre de les Aigues y la Bassa de Sabadell.


Hoy 16 de septiembre consigo elegir todas las fotos y ultimar esta entrada en el blog en mi otro hogar, Trondheim. Aquí estamos en pleno otoño y con 12 grados. Y con la primera excursión en tienda de campaña con los niños superada. Les encantó y eso me da mucho gusto. Amor de madre que se diría.


Hasta la próxima. Y gotitas de vida para todos.





jueves, 29 de septiembre de 2016

Vida

Sentí que se me partía el alma cuando supe que la distancia física ahora se habia hecho infinita. Me sentí extraña al ver su perfil de facebook y su foto de whatssap. No podía ser verdad. Quizás si le escribía, seguro que me contestaría. Como siempre hacía.

La vida no se lo puso fácil, pero exprimía su jugo al máximo. Todo ello pese al dolor que la inundaba con frecuencia.  "Cuando me encuentro bien, salgo a dar un paseo por la ciudad. Si estoy fuerte, cojo las maletas y viajo con él. Es bello ver el mundo, cerca o lejos, Lidia"

Tuvo una persona a su lado, que siempre estuvo ahí. Y eso me hace feliz. "Es honesto y bueno"- me contaba, mientras esbozaba una sonrisa enamorada en el café Zurich de Barcelona. No podía ser de otra manera. Porque esos son los dos adjetivos que definían su propia personalidad.

Compartíamos la pasión por ayudar a los demás, el mismo sentido del humor y la debilidad por los gatos. Me enseñó que la vida no se puede planear. Que un día puede ser maravilloso y bonito, y otro al contrario, malo y feo. Pero que es importante vivirlos con personas que te quieren y te hacen feliz.

Sonrío al pensar en nuestros encuentros, sus detalles sencillos y hermosos, las bromas cuando trabajamos juntas en el despacho, las confidencias...

Me quedo con el brillo de sus ojos y su risa. Con el honor de poder haber contado con diez años de su amistad. Y una herencia llena de sabios consejos.

Te llevo en el corazón. Abrazos donde estés, amiga.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Limones

Sucede a veces que la vida te da limones, te deja fuera de combate.  Ha sido un mes complicado por diferentes motivos, que andaban escondidos y se han liberado a la vez. Todo lo que quiero se me ha ido escapando de las manos. Difícil de explicar. Los parches que antes sanaban se han quedado pequeños, diminutos, y por momentos, inexistentes. 

Pero lentamente aparecen detalles que me devuelven a la magia de la vida. El olor a mojado de los bosques de Trondheim. Las palabras bonitas en diferentes idiomas de gente que te quiere. Un abrazo. O sin ir más allá: El entusiasmo de mi hijo mayor cuando se enteró que pronto va a conocer al entrenador y a los jugadores del juvenil del Rosenborg. Ya os contaré.

Casi se me olvida. La semana pasada encontré un piano en la cantina donde voy a dar clases particulares cada jueves. La cantina estaba vacía. Abrí la tapa y acaricié las teclas. Me sentí muy feliz. Me estoy planteando tomar clases de nuevo. Falta encontrar quién me pueda enseñar y tenga mucha paciencia jeje.




Y hoy, justo una semana después, he tenido la suerte de tropezar con una hermosa canción de Julieta Venegas. Llevo toda la mañana escuchando su discografía en el jardín (20ºC y sol, algo inusual) Increíblemente inspiradora y preciosa.

Recomiendo escuchar uno de sus conciertos pinchando aquí.  Y como ella, me digo a mí misma: Buenas noches, desolación.



Los limones son parte de la vida, pero ahora llegó la hora de dejar la acidez de lado, y saborear la limonada de nuevo. Estoy en proceso,  pero ya regresé: Decidida a vivir más y mejor.

¡Hasta la próxima! 







lunes, 4 de mayo de 2015

Estrellas

Hoy, aprovechando que estoy acatarrada de sofá y manta en casa, me he regalado un día tranquilo. Y quizás un tanto filosófico.

He empezado a recuperar la lectura de algunos de mis autores favoritos en español y he encontrado un poema que me ha hecho reflexionar.

Me he decidido a compartirlo en las redes. Se trata de  "Los Encuentros de un caracol aventurero" de Federico García Lorca. Tiene un contexto ligado de forma absoluta a la vida del autor. Pero como lo bonito de la poesía es que en ella caben interpretaciones personales, me ha hecho pensar en diferentes experiencias vividas (buenas y no tan buenas)

Admito que he sonreído con su lectura y he recordado que las estrellas brillan también para mí. Y todo ello pese a los obstáculos en el camino, que, a veces, impiden verlas con claridad.