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lunes, 1 de julio de 2024

Hay

Hay fresas salvajes tras las primeras margaritas y flores de todos los colores. Hay el diente de león, que se pone como una pelota cuando lo sumerjo en el riachuelo. Hay libélulas que, batiendo sus alas con fuerza, dan un auténtico espectáculo de danza aérea.



Hay un pepino que asoma de la maceta en el invernadero, tomateras que no se deciden a echar flores, pero patatas que sí lo hacen en la huerta. 



Hay olor a pintura y un granero que luce cada vez mejor. Al rojo vivo.


Hay dos gatas felices de que los ratones sean más fáciles de cazar en la hierba. 

Hay pollitos nuevos y movimiento en el gallinero. Hay dos señoras gallinas que ronronean y comparten la maternidad (¿sororidad aviar?). Mientras una se alimenta la otra vigila a los polluelos, y viceversa.  Hay once chiquitines que aprenden a comer, a acicalarse las plumas y a beber copiando a sus experimentadas madres.


Hay también once ovejas. Cinco ovejas y seis corderos para ser más exactos. Bienvenidos al rebaño, Sjokolade, Mokka, Dagros, Inca, Turrón y Tierra. Hay diferentes personalidades en el género ovino - confiada, guardiana, tímida, sociable. Hay carreras, balidos, celos y mucho amor. 



Hay que  poner un cubo para las babas de los granjeros aficionados.

Hay el valle secreto y hay tu mano que sujeta fuerte la mía. Hay encuentros, mensajes y audios de personas que reconfortan.
 
Hay el tiempo que pasa.  Hay sol, sombra y lluvia. Hay helados, chocolate calentito, vestidos y jerseys. Hay aire entrando por la ventana algunos días y hay humo saliendo del horno de leña otros días.
 

Hay vida y hay verano noruego.

miércoles, 6 de septiembre de 2023

Contigo, pan y cebolla

Después de un fin de semana de árduo trabajo, sacando todas las tejas del granero junto a Asbjørn, su prima y su marido, las agujetas no tardaron en llegar. Sarna con gusto no pica. Nos lo pasamos muy bien y me sentí de lo más útil apilando las tejas en montoncitos. Lo celebramos con una cena en el restaurante tailandés del pueblo. Buenas porciones y un lugar auténtico.


En plena resaca de "Lidia es una super obrera" me puse enferma. Un constipado se ha agarrado fuerte a mis pulmones y desde el domingo que no estoy fina. Hemos caído uno detrás del otro  en casa y a mí me ha tocado la última. Mejorando, eso sí.

Por si éramos pocos, parió la abuela, y Zeus nos obsequió con varios días de lluvias fuertes. Todo ello con la consiguiente inundación del granero y los trabajos pertinentes para apaciguar los daños. Pero hoy ha salido el sol y la canción de "Oh, happy day!" ha sonado como un resorte en mi cabeza.

El mayor ha amanecido muy contento. Partía hacia Oslo con motivo del viaje que hacen el último año de escuela. Daba gusto verlo. Yo he salido al jardín con mis clínex, mi jersey rojo de lana y  una delicia de libro - Pan de limón con semillas de amapola. Además los carpinteros han podido venir para empezar a trabajar con el nuevo tejado.

Luna me ha venido a visitar mientras leía al solecito. Se dejaba acariciar haciendo todas las posturitas posibles. Me ha camelado por completo. Cuando ya llevaba un buen rato leyendo, he ido a los arbustos y me he saciado con grosellas y zarzaparilla negra.  Las ovejas, curiosas, se acercaban y una mariquita se divertía recorriendo mi mano izquierda.

También he picado un poquito de injera que preparé ayer  (ni enferma sé estar quieta) El pequeño me ayudó a despegar cada pieza de pan etíope de la sartén. Me enseñó su truco. "De algo me ha de servir saber hacer pannekaker mami", me dijo.

Anoche nos acostamos todos temprano. Escuela y viaje al día siguiente. Asbjørn y yo exhaustos con tanto virus e inundación en el granero. La última semana ha sido muy intensa. Me metí en la cama, me abracé fuerte a él, y pensé: Contigo, pan y cebolla. Y caí dormida.

 

Hasta la próxima