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domingo, 25 de agosto de 2013

Sol, solet

El fin de semana ha sido de lo más soleado, y hemos callejeado. El sábado bajamos al centro. Como siempre, había alguna liada. Música, paradas de comida y gente paseando.

Por una de las calles principales se extendía una retahíla de casetas de los partidos políticos noruegos. Hay elecciones el próximo mes de septiembre. Rosas, chuches, chapas, y globos para los niños. Lo típico cuando se acerca la hora de ejercer el voto. Curiosamente, se observa cierta cercanía de los políticos con la gente. Visten muy informales, nada de ir como pingüinos.

Al hacer más calor, apetecía mucho tomar un helado. Por diez coronas tienes un softy, así que ¡al ataque! El pequeño acabó con nata en el pelo, las manos y toda la cara. Pero disfrutó como un enano. Lo que se dice disfrutar con los cinco sentidos.

También nos dio tiempo de entrar en la biblioteca del centro. Por fuera parece muy pequeña, pero su interior es inmenso. Incluso hay unas ruinas en la entrada. Y una cafetería de donde salen unos olores... (mmm)

Tiene una planta para los niños con multitud de sillas y mesas, y unos asientos la mar de originales hechos con libros. Arnau eligió cuentos de dinosaurios y cocodrilos. En cambio, Adrià fue más directo a los de comida y vestimenta. Pau y yo también leímos un cuento en común. Nuestro nivel de noruego es básico, y hay que ir practicando para mejorar.

Luego nos hicimos socios y pedimos prestada una película infantil, y un cuento. Uno de mis favoritos: Adivina cuánto te quiero (Gjett hvor glad jeg er i deg) de Sam Mc Bratney.


Nunca lo llegué a comprar en catalán o castellano, pero creo que lo pondré en la lista de deseos para estas Navidades. Las ilustraciones son de Anita Jeram. Es un cuento dulce y tierno, de esos que no pueden faltar en vuestra biblioteca. Está traducido a múltiples lenguas, y en diferentes formatos (peluche, plástico para el baño, cartón, y para los más mayores en tapa dura y folios) Lo podéis encontrar en cualquier librería como Abacus por ejemplo.

Hoy hemos vuelto al bosque que hay debajo de la fortaleza de Kristiansten. En una parte, había una exposición sobre la historia militar de Noruega. Arnau ha alucinado con la escenificación de soldados de carne y hueso.



Y luego de picnic en la hierba. Con la toalla, las mochilas y las fiambreras. Los niños se lo han pasado bien corriendo, jugando, y tomando el sol. Pero lo que más les ha gustado es observar cómo un perro recogía el frisbee que le iba lanzando su propietario.


Para acabar hemos ido a coger frambuesas con los pequeños. Cuando se han cansado hemos vuelto a casa y entre todos hemos preparado mermelada. Aquí os dejo la reseña culinaria de Pau.

¡Hasta la próxima!

martes, 6 de agosto de 2013

Campo y ciudad

Desde que estamos aquí tenemos el campo alcance de la mano. En Trondheim, hay grandes extensiones de verde muy cerca del asfalto gris de la ciudad.  De hecho, lo urbanita se mezcla con lo natural continuamente. En invierno, las praderas cambian el color a blanco, y se convierten en pistas de esquí improvisadas. 

Un ejemplo son los jardines que hay debajo de la fortaleza de Kristiansten. Fuimos el domingo. Caminamos unos veinte minutos desde casa, y allí nos plantamos los cuatro.

Nos quedamos boquiabiertos ante semejante inmensidad de espacio verde y diáfano. Se pueden jugar como tres partidos de fútbol a la vez. Huele a libertad, como decía una amiga de la facultad, pensé cuando llegamos.

Como aquí llueve con frecuencia, es habitual encontrar setas por doquier, incluso en las aceras, donde es curioso ver como crece el musgo también. A continuación, una foto de nuestro primer hallazgo.


Como no somos caçadors de bolets, únicamente estuvimos fotografiando el ejemplar blanco. Explicamos a los niños lo que son las setas, y que no pueden comer ninguna, excepto las que se compren en el mercado. Escuchaban los dos atentos. A ver si un día vamos con un experto/-a en el tema, y podemos aprender cosas toda la familia. Recoger setas los cuatro sería la mar de divertido. Pero hay que tener conocimiento de causa.

Por cierto, si alguien adivina qué tipo de seta es la de la fotografía, estaré encantada de saberlo.

A medida que íbamos caminando por la pradera, encontramos un pequeño bosque de pinos y plantas silvestres. Estaba junto a una de las escuelas internacionales de Trondheim. Todo un lujo poder aprender rodeados de naturaleza en estado puro.

Nos adentramos. Los chicos se emocionaban con las pendientes. Decían que eran escaladores. También divisamos piñas mordidas. Pero no a las ardillas. Tendremos que volver a ver si hay suerte, y las vemos en acción.



Por último, llegamos a una parte llena de zarzas. Encontramos moras. Recuerdo de pequeña cuándo íbamos a buscar con mi madre, y hacía mermelada casera. La guardaba en botes de cristal con la típica tapa metálica de color oro, o de cuadros rojos y blancos. Mis hermanos y yo nos chupábamos los dedos.



Ah, bajando por el camino del bosque, se llega a Bakklandet, un barrio muy pintoresco y coqueto de la ciudad. Esta semana está de fiesta, y las calles lucen aún más de lo habitual. Aquí tenéis el programa de actividades

Hoy me despido con pensamientos dulces. ¡Hasta la próxima!