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viernes, 19 de julio de 2019

Un rayo del sol

Un rayo de sol y 18- 22 grados marcan la llegada del verano en tierras noruegas.  Y lo rico del verano con buen tiempo por aquí. Días largos y activos gracias al sol de medianoche. Con pequeños placeres de la vida incluídos.

Y es que he descubierto un helado muy popular entre los noruegos. Lo tenéis que probar. Se llama Båtis (båt significa barco). Hace las delicias entre los niños, pero también entre los mayores. Chocolate, nata, mermelada y galleta. No falla. El otro día una compañera trajo Båtis a la oficina.Por cada día de sol lo celebramos con una pequeña pausa comiendo helado. La propuesta tuvo éxito y ahora llevamos tres días seguidos gorroneando en el congelador. Somos un peligro, Y es que hemos tenido unas semanas con una manta de lluvia, que tela marinera.

La cervecita al aire libre también sabe a gloria  en Noruega. Hace pocos días fui con una amiga a tomar una y lo pasamos muy bien. Me he aficionado a la Pale Ale. Se ve que le ponen algo que se llama "humle". Yo pensaba que tenía que ver con las abejas, porque "humle" significa abejorro. Pero resulta que también es el nombre de una flor que le da ese gustito tan especial a la cerveza. Y como ya sabéis a mi la curiosidad me puede. Y a mi chico pues lo mismo. Así que nos hemos lanzado...a fabricar nuestra propia cerveza en la granja jeje.



El viernes ponemos nuestra primera creación - siguiendo una receta - en botellas. Y en cosa de 4- 6 semanas ya se puede beber. Es divertido aprender todo el proceso de fabricación. Mezclas de diferentes ingredientes, temperatura arriba y abajo...


Por otro lado, la huerta va haciendo sus pinitos. Las patatas crecen a buen ritmo. Parece que tendremos buena cosecha en octubre.  Ya hemos podido consumir algunos rábanos. Son  muy agradecidos y fáciles de mantener. Los guisantes y las zanahorias también progresan adecuadamente.


Las coles y las fresas con tanta lluvia y falta de sol están sufriendo, pero a ver si se arregla. Al menos las fresitas salvajes no fallan. Son una auténtica delicia. Y tampoco el ruibrarbo. Los noruegos comen el tallo crudo con ázucar o hacen mermelada del tallo. La primera opción es algo ácida para mi gusto, pero la mermelada es puro vicio.


Ha habido también tiempo para una semanita de vacaciones en junio. Acampando en Nordland. Con uno de mis paisajes favoritos. Montaña y costa. Y viendo a los populares railecillos ("puffins" en inglés) Unos días muy lindos.




Pronto un poquito más de vacaciones. A ver a padres y hermanos con los niños. Con muchas ganas. Que ya son muchos meses desde Navidad.

Hasta la próxima


domingo, 25 de agosto de 2013

Sol, solet

El fin de semana ha sido de lo más soleado, y hemos callejeado. El sábado bajamos al centro. Como siempre, había alguna liada. Música, paradas de comida y gente paseando.

Por una de las calles principales se extendía una retahíla de casetas de los partidos políticos noruegos. Hay elecciones el próximo mes de septiembre. Rosas, chuches, chapas, y globos para los niños. Lo típico cuando se acerca la hora de ejercer el voto. Curiosamente, se observa cierta cercanía de los políticos con la gente. Visten muy informales, nada de ir como pingüinos.

Al hacer más calor, apetecía mucho tomar un helado. Por diez coronas tienes un softy, así que ¡al ataque! El pequeño acabó con nata en el pelo, las manos y toda la cara. Pero disfrutó como un enano. Lo que se dice disfrutar con los cinco sentidos.

También nos dio tiempo de entrar en la biblioteca del centro. Por fuera parece muy pequeña, pero su interior es inmenso. Incluso hay unas ruinas en la entrada. Y una cafetería de donde salen unos olores... (mmm)

Tiene una planta para los niños con multitud de sillas y mesas, y unos asientos la mar de originales hechos con libros. Arnau eligió cuentos de dinosaurios y cocodrilos. En cambio, Adrià fue más directo a los de comida y vestimenta. Pau y yo también leímos un cuento en común. Nuestro nivel de noruego es básico, y hay que ir practicando para mejorar.

Luego nos hicimos socios y pedimos prestada una película infantil, y un cuento. Uno de mis favoritos: Adivina cuánto te quiero (Gjett hvor glad jeg er i deg) de Sam Mc Bratney.


Nunca lo llegué a comprar en catalán o castellano, pero creo que lo pondré en la lista de deseos para estas Navidades. Las ilustraciones son de Anita Jeram. Es un cuento dulce y tierno, de esos que no pueden faltar en vuestra biblioteca. Está traducido a múltiples lenguas, y en diferentes formatos (peluche, plástico para el baño, cartón, y para los más mayores en tapa dura y folios) Lo podéis encontrar en cualquier librería como Abacus por ejemplo.

Hoy hemos vuelto al bosque que hay debajo de la fortaleza de Kristiansten. En una parte, había una exposición sobre la historia militar de Noruega. Arnau ha alucinado con la escenificación de soldados de carne y hueso.



Y luego de picnic en la hierba. Con la toalla, las mochilas y las fiambreras. Los niños se lo han pasado bien corriendo, jugando, y tomando el sol. Pero lo que más les ha gustado es observar cómo un perro recogía el frisbee que le iba lanzando su propietario.


Para acabar hemos ido a coger frambuesas con los pequeños. Cuando se han cansado hemos vuelto a casa y entre todos hemos preparado mermelada. Aquí os dejo la reseña culinaria de Pau.

¡Hasta la próxima!