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domingo, 5 de enero de 2025

Abrazarme

Han caído 95 cm de nieve los últimos cinco días. Imposible no sentir el abrazo apretado de la nieve.  Así que me he regalado algunas excursiones con las raquetas de nieve. Con zancadas a lo Yeti y nieve hasta las rodillas. Y también hoguera y buena compañía. Además, diversas conversaciones, algunos mensajes bonitos y postales navideñas como las de antes  me han alegrado el alma. El abrazo del fuego y  el abrazo humano. 

No ha faltado el frío y, pese a que los días andan aún cortos de luz, me he ilusionado y he disfrutado del sol en el bosque. Colándose entre las ramas y las nubes. Komorebi total o el abrazo de los que están por llegar

 

Menos luz significa más ratito de hermosas estrellas y la luz de la luna. Siempre las observo por la mañana cuando me despierto y antes de acostarme. En esos momentos siento el abrazo de los que ya no están y residen en mi corazón.

Recordando locuras maravillosas, he ido al jacuzzi de la piscina y después he salido afuera. La idea era hacer una especie de ángel en la nieve en bañador. Mi cara de susto y de frío ha hecho sonreír a más de uno. Sobretodo a Asbjørn y a Adrià. De vuelta al agua calentita los pellizquitos en la piel y la felicidad han aparecido como por arte de magia. Mi dopamina ha subido hasta las nubes. El abrazo del agua.

Me he metido de lleno en tres películas en pantalla gigante en estas fiestas.  Sumergida en una butaca ancha, blanda y reconfortante. He apretado los dientes, me he reído y he llorado. El abrazo  del cine.

 Esta película es una perla noruega que me ha conmocionado. Espero que pronto llegue a las salas españolas

Asimismo, Kioto, sus cerezos en flor y algunos pueblecitos japoneses me han hecho soñar con kimonos, platos deliciosos y lo maravilloso de conocer otras culturas. Sin duda, el abrazo de los buenos libros.

Se me aparece de repente el caldo de Navidad con su pollo, verduras, garbanzos en este momento. También un pan de banana que horneé estas fiestas. Una receta muy práctica cuando los plátanos están tan, tan maduros que se pegan en los dedos.  Irresistible junto al té de Navidad con su aroma canela, cardemomo, naranja y las famosas galletas de jengibre... Ay, ay, ay que llega el abrazo de los olores.

La mirada en el espejo de casa culmina este texto. La de años que me ha costado mirarme de verdad en el espejo y dentro de mí. Me he descubierto serena, excitada, alegre, bailonga, nerviosa, miedosa, ansiosa, emocionada, inquieta, creativa, bonita... Toda la gama y más allá. Y al fin las he abrazado a todas ellas, porque todas ellas soy yo. Abrazarme, el gran descubrimiento del año 2024. 

 
 
Bienvenido 2025. Hasta la próxima.

lunes, 4 de enero de 2021

El gran salto

Si hay una expresión noruega que ha definido el año 2020, esa es "å komme seg over dørstokkmila". La frase podría traducirse como "traspasar el marco de la puerta". Cosa que se ha convertido en un reto en este año pandémico. Es ser capaz de salir y activarse cuando uno se encuentra atrapado en el sofá de casa. Está también relacionado con la palabra "brakkesyke" que significa estar en el interior sumido en un estado de apatía /  muy poca actividad.

 

 

Este 2020 me he regalado un viaje a los sentidos. Me he relajado escuchando el ronroneo de nuestra nueva gatita, Luna. No ha faltado el aprendizaje de los diferentes sonidos que un gallo puede hacer: Cuándo hay un peligro, cuándo hay algo rico para comer, o cuándo riñe a las gallinas que se van a dónde no deben por ejemplo. He sonreído cuando el gallo capturaba petalos de rosa y se los ofrecía a las gallinas. Está hecho todo un galán.

He gozado de la carcajada de los niños, el canto de los pájaros y el zumbido de las abejas recorriendo la pradera. El cielo de los colores más bonitos en Finnmark y en nuestra casa me ha levantado el ánimo. También ha sido emocionante ver una película desde el coche. 

Me he deleitado con riskrem con salsa de grosellas de casa. Con el sabor del cava la noche de fin año y las uvas a -11 en la terraza. Me he chupado los dedos con mejillones al ajillo. El gusto de las lágrimas saladas en los ojos también ha hecho acto de presencia este año. Y no ha faltado el calor en las mejillas mirando una buena hoguera.


Mis músculos se han mostrado al volver a nadar en la piscina, corriendo junto al río en Buvika y cortando leña. También ha habido buenas charlas, aunque algunas hayan tenido que ser a través de la pantalla. Y hasta he aprendido un poquito de sami. 

Me quedo con todos los abrazos que he recibido, pequeños o grandes, apretados o sueltos, digitales o en persona. Los abrazos valen más aún este año si cabe.

El final de 2019 se antojó muy complicado con la pérdida de mi padre. De repente entendí 100% que la vida hay que vivirla, aunque suene a topicazo. A la vez me dieron plaza para una psicóloga pública tras unos meses de espera. Por aquél entonces pensé ¿dónde te has metido alma de cántaro?. Eso de desnudarse emocionalmente ante otra persona no es nada fácil. Pero ahora veo que pedir ayuda es de lo más valiente que he hecho en mi vida. 

No puedo estar más agradecida a mi novio por insistir en conseguir una plaza, y apoyarme en este proceso. Tras un año de terapia ya tengo el alta y ahora toca seguir recorriendo el camino de la vida sin ayuda profesional. Gracias Thea por ayudarme a entenderme, aceptar mis emociones y a ver la vida con otros ojos.

Es en las rutinas diarias donde la vida cobra sentido. Ahora entiendo mi pasión por las novelas sobre cosas cotidianas y mi afición por escribir. Así que seguiré escribiendo sobre las pequeñas cosas de la vida con mayor o menor fortuna, pero con unas intensas ganas de vivir. 

Siento que este 2020 he dado un gran salto, y presiento que seguiré saltando. Como las ranas. De charca en charca. Porque la curiosidad y las ganas de aprender siempre me acompañan.

Adiós 2020. Bienvenido 2021.

jueves, 21 de julio de 2016

Abrazos

Abrazos. Abrazos fuertes y largos que te exprimen el cuerpo y derrochan puro amor. Otros cortos y suaves, de esos que te llenan de dulzura. Eso recibí estas vacaciones de verano en Cataluña, entre Barcelona y Cambrils. 

Fueron unos días de verano distintos a los de otros años. Al tener solo un par de semanas de vacaciones, las quise diferentes. Sin prisas. Sin planes. Me imaginé como una amazona en la ciudad. Y cumplí mi objetivo. Armada con una cámara fotográfica que me prestaron, y, tras dos lecciones, me lancé a retratar con ilusión Barcelona.  Redescubrí el Parc Güell y el Eixample sola, y Gràcia y la Barceloneta en buena compañía. No faltó una visita a la bella Sitges, a una media hora en tren de Barcelona. Eso sí, con la consiguiente aventura que comporta tomar un tren de Renfe: colas, apretones, errores en las indicaciones etc.

También me compré dos libros. Uno para comentar en el club de lectura de Trondheim en agosto-septiembre, El amante japones de Isabel Allende. Y otro, que me robó el corazón al verlo en el aeropuerto, Los besos en el pan de Almudena Grandes. Ya he devorado el primero y estoy leyendo el segundo.

                                                           Parc Güell 

Pasé tiempo con mis padres. Y con algunos de mis hermanos, que estaban allí. Me mimaron mucho y mi mamá cocinó cosas muy ricas.  Me invitaron a tomar alguna caña, comer deliciosos platos mejicanos, probar helados nuevos... Y lo que no podía faltar es el menú marinero en familia. En Cambrils. En la terraza de un restaurante con vistas al emblemático faro rojo del pueblo.

                               Con mi hermana Berta en Gràcia.


Disfruté de la playa y la piscina con los chicos y mis sobrinos.  Menuda tropa. Había días en que los adultos estábamos derrotados.

  
                                           Reunión familiar en Cambrils.

Quise hacer más cosas, pero un bicho me clavó su aguijón hasta la médula. Anduve algunos días perezosa, recuperándome de la ampolla exagerada de la picadura.

Cuando regresé ayer a Trondheim, encontré el rosal del jardín casa florecido, un sol espectacular y temperaturas altas. Y lo mejor... también recibí abrazos. Fueron como un regalo caído del cielo. Me sentí feliz. No en vano Trondheim es mi otro hogar.  


viernes, 9 de agosto de 2013

A flor de piel

Me ha venido un poco de morriña con algunas de las imágenes que circulan por la red, con motivo de la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Dí la teta a mis dos hijos y fue una experiencia inolvidable. Recuerdo cómo se le iban los ojos al mayor mientras mamaba, y se quedaba dormido en mi regazo. Y cómo le gustaba buscar el pecho cuando iba en la Manduca. 

Me viene a la mente cómo el pequeño al nacer alcanzó la teta con una facilidad innata. Cierro los ojos y visualizo sus deditos recorriendo mi piel.  Sus miradas cómplices, y aquella sonrisa de felicidad del que está a gustito. 

Y ahora aquí estamos: A punto de empezar el colegio en Trondheim. El lunes el mayor inicia la barnehage, y le hacen una pequeña bienvenida en la escuela. Son dieciocho niños en clase. Hay compañeros que ya han comenzado esta semana. Los nuevos se incorporan progresivamente durante la primera quincena de agosto (al pequeño le toca el miércoles)

Arnau está contento y nervioso. Él ha ido dos años a la escuela en Barcelona, y sabe qué es, pero le preocupa el noruego. De momento sabe decir hola (hei), gracias (takk), o muchas gracias (tusen takk). Lo mismo que una básicamente. Ya le he dicho que entre todos nos ayudaremos. Seguro que en Navidad me da clases él.

Por mi parte, os presento a mis nuevos amigos y el curso virtual que voy a empezar el lunes. Es gratuito y tiene buenas referencias. Por si a alguien le apetece aprender noruego, pinchando aquí lo podéis hacer.


Estos meses con los niños han sido intensos. Hemos tenido momentos fantásticos, jugando en la pista del barrio con piedras y palos, observando las flores, y haciendo carreras por el campo. También hemos disfrutado paseando por Nidaros, yendo a ver las bicicletas que han caído al fondo del río, leyendo cuentos bajo la lluvia...



Nos hemos regalado muchos besos y abrazos. Cosquillas en la cama. Tampoco han faltado las caricias, y esos silencios que quieren decir tantas cosas.

Pero también he sufrido agotamiento maternal.  Ese cansancio físico y mental que, a veces, te impide ver con claridad las cosas y disfrutar de la vida. Que trae días de malhumor y desgana. Gritos innecesarios. Cosas que tienen que desaparecer rápido antes de que te engullan.

Ayer leí un post de Margaret de Tela de Abrazos sobre este tema, con el que me sentí muy identificada. Lectura recomendada.

Los chicos notaban cuando no estaba bien, y mi pareja también. El pequeño me daba "petons de gasolina" (que dice él), y me preguntaba "estàs contenta mama?" El mayor me abrazaba fuerte en silencio. Por suerte, estoy de salida de todo esto, y aplicándome mi propio lema: Carpe diem!

Por cierto, en relación al estrés parental, existe un reto un tanto curioso en la red: The Orange Rhino Challenge. Consiste en cesar de gritar a los niños. Interesante. Da qué pensar. ¿Os apuntáis?

                                                     Imagen de: elpais.com

Esto es todo por hoy. ¡Buen fin de semana!