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jueves, 28 de enero de 2016

Traqueteo

Me gustaba escuchar el traqueteo de su máquina de coser. Sin prisa pero sin pausa. Era fascinante observar cómo presionaba el pedal negro, ya gastado de su uso continuado. Me acercaba y entonces ella se paraba por un instante. Me tomaba medidas. Aunque muchas veces sólo con mirarme ya sabía cuánto y por dónde cortar la tela. 

Sonreía. Era muy feliz rodeada de sus retales e hilos. De todos los materiales y colores.  Cuando acababa recogía los restos y los usábamos para hacer ropa a los muñecos. Me explicaba, sentada en su regazo, qué era hilvanar y cómo lo hacía. Con su dedal, sus agujas y sus gafas de modista. Increíblemente bella e interesante.

                         Con mis hermanas de niñas. Todas vestimos creaciones de mi abuela.

¡Cuántas cosas me enseñaste abuela! Constancia, paciencia, pasión por aprender...

Hoy se cumplen cuatro años desde que nos dejaste y siempre estás dentro de mí. Esta mañana ha nevado fuerte en Trondheim de nuevo. He sonreído pensando en cómo te gustaría coserme una bolsa para mis esquís. Aquí  te dejo una foto. Hasta siempre.



miércoles, 28 de enero de 2015

Hijica

- Hijica dáme un beso antes de irte.

- Sí,  claro que sí, abuela.

Ella me estrujó fuerte y me deseó suerte para el examen. Recuerdo aún el olor de la crema que usaba a diario. A continuación, empujó la puerta asegurándose que  desde dentro quedaba cerrada. Algo que he heredado jeje.

Vivía mis estudios y todo lo que me pasaba con ilusión y expectación, o preocupación si algo no salía bien. Siempre estaba allí para lo bueno y para lo malo.

Ya han pasado tres años desde que nos dejaste. Pero sigues ahí conmigo.



domingo, 30 de junio de 2013

Verano

¡Por fin de vacaciones unos días los cuatro! Toca olvidarse del reloj. Los días fluyen con calma y relax. Si pienso en mi infancia y en la palabra verano, en este momento, visualizo la paella de caracoles de mi abuela Celia. Caracoles de esos pequeños rayados como una cebra. También caracoles grandes, y con la cáscara marrón. Cuando íbamos a Almassora a verla siempre nos regalaba un vestido hecho a mano a mis hermanas y a mi. Y mi abuelo nos llevaba a comer berberechos y cacahuetes al bar.

Hoy ha sido un día soleado, y lo hemos pasado en el jardín. Primero de barbacoa. Luego, por la tarde, hemos puesto en práctica algo que seguro que recordáis de niños. Aprovechando un basket vacío de los champiñones, lo hemos rellenado de tierra. Luego ha llegado el turno de poner las judías. Finalmente, Arnau las ha tapado con tierra. Un poco de agua y ¡a esperar! 


Aprovechando la vena jardinera, he lavado dos botellas de cerveza y las he convertido en un par de jarrones improvisados. 


Vi la idea en una tienda de decoración hace pocos días. Venden botellas de vidrio vacías de todos los tamaños y colores. A veces, cuelgan en ellas algún detalle coqueto, o las llenan de piedras de colores. También las ponen en cajas de madera o dentro un cesto forrado sin más.

¡Buenas noches!