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miércoles, 1 de julio de 2015

Entre dos mundos

Sentada con el único sonido de las cigarras como compañía.  Al atardecer algunas hojas forman un corro y giran al ritmo de la suave brisa que acaricia este lugar. Caliente y seca a diferencia del frío y húmedo aire de Trondheim al que estoy habituada. 

A veces un pavo real de la finca vecina hace demostración de su señorío con grandes aspavientos. Otras se puede escuchar como balan las ovejas a lo lejos, y al perro que controla el rebaño.  Los niños juegan tranquilos. Pau está tomando fotografías. Y yo siento la inspiración para escribir estas líneas. 


Aunque con poca frecuencia, algunas veces se oye algún avión que se dirige hacia el aeropuerto. Lo imagino lleno de gente con pretensiones diversas. Personas alegres, tristes, expectantes, soñadoras...

No hay ni una sola nube en el cielo desde que llegué aquí. El sol brilla radiante y numerosos árboles frutales son mi vista más preciada.  Algunos limones asoman entre las ramas, amarillos a rabiar. Me hacen pensar en lecturas de Lorca. Y en limonada fría. Muy fría. Además, tengo dos ayudantes de primera.


Más de treinta grados hacen que una necesite poca ropa por aquí. Una camiseta de tirantes es el atuendo perfecto. Mi pelo se ha rizado de forma natural como nunca lo había hecho antes. He redescubierto, divertida, un montón de pecas que ya tenía olvidadas. 


Cuando el calor me extenua nada mejor que un buen chapuzón en la piscina. Y luego no puedo evitar devorar una tarrina de helado de avellana.  Me he acostumbrado a Noruega y las altas temperaturas no son habituales allí. Aunque tengo sangre mediterránea, hay que reconocer que con las temperaturas fresquitas de Trondheim se duerme mejor.

Pese a riesgo de sonar menos idílico, el agua también refresca sobremanera las previsibles picaduras de los mosquitos y otros insectos mediterráneos. Como cada verano todo tipo de bichos me anuncia su llegada de forma triunfal. Aunque este año se han cebado menos de lo habitual conmigo, en mi mochila no falta repelente y calmante local. A los críos los han acribillado, pero, tras una noche de perros, las picaduras empiezan a curarse. Y con todo el armamento que llevamos, ya no han vuelto a picarles de nuevo. 

Por las tardes solemos visitar diferentes calas. Sumergirme en el mar me gusta más, si cabe, que en la piscina. Ver los peces y las rocas bajo los pies es algo que me fascina. El gusto salado en los labios y la revolución de mi pelo.  Cierro los ojos y congelo el momento en mi mente. Me siento bien.


A los niños les encanta hacer castillos con la arena. La gente los mira entre curiosa y divertida porque usan tres idiomas: catalán con Pau, español conmigo y noruego cuando juegan algunas veces. 

Cuando llega el turno de conectar con la civilización y la gastronomía todo es agradablemente familiar. Curiosamente tomo fotos de la comida pensando en mis alumnos de español de Trondheim y en Spansk med Lidia. 

Conversaciones espontáneas en una plaza, el ruido de la cocina, personas que se encuentran y se saludan efusivamente... Gente riéndose a carcajadas por las calles. Pedir un quinto o una caña. Beber una copa de vino mientras el sol se pone.  Observar maravillada cómo la puesta de sol y las estrellas enseñan que la noche está aquí, mientras pienso que mis amigos en Trondheim están disfrutando, a su vez, del sol de medianoche. 


Situaciones peculiares de los primeros días en mi tierra natal, como que te pregunten si te gusta la comida en tu lengua materna y respondas "Ja, ja, jeg liker..." Y de repente te des cuenta que estás contestando en noruego. 


Volver a reconectar con la tranquilidad de entender absolutamente todo. Poder hablar con la naturalidad de un nativo de frente, de espaldas o haciendo el pino puente. Pero comprobar con ilusión que, a su vez, soy capaz de entender a algunos noruegos que están de vacaciones familiares como nosotros aquí.  Discretos y respetuosos. Igual que en Noruega.

Hace pocas semanas me di cuenta que muchas cosas han cambiado en mí. Más que nunca me hallo entre dos mundos. Pero pese a inevitables contradicciones internas, hay cosas y personas que me hacen feliz en ambos. 

Gracias a la isla de Mallorca por unos días de tranquilidad y paz los cuatro solos. Unos días en un entorno maravilloso, lleno de bonitos detalles de los propietarios de la finca.

El verano justo acaba de empezar.



viernes, 24 de abril de 2015

Mimándome

Llegó la primavera y con ella las ganas de ponerme en forma en Trondheim. Han sido casi dos años muy intensos tanto de adaptación a la cultura noruega como de aprendizaje del idioma.  Finalmente he arrancado y me siento bien. Pero ha llegado la hora mimarme un poco, porque mi cuerpo se ha resentido bastante durante este tiempo.

He empezado un curso de yoga un día por semana. Estoy contenta, porque es una manera de estirar las articulaciones y a la vez relajarme. La profesora es experta en problemas de la espalda y nos enseña buenas posturas a través de diferentes ejercicios. También estoy aprendiendo a respirar bien. Parece algo muy obvio, pero me he dado cuenta que respiro de forma agitada.

Los que me conocéis ya sabéis que  camino con la cabeza hacia abajo y suelo encoger los hombros. Además si algo me estresa, aunque no lo exteriorizo, lo voy cargando sobre el cuerpo y me contracturo. Con el yoga he encontrado un buen remedio para las contracturas y las malas posturas.

Combino la práctica de yoga con la bicicleta. Ya he ido varias veces de excursión en Sjetnemarka. Me encanta ver los campos a ambos lados del camino, escuchar cómo pían los pájaros y sentir el frío en las mejillas. Y es que siempre he pensado que las pequeñas cosas de la vida son las mejores. 

Empecé con diez, quince minutos y ahora alcanzo los cuarenta seguidos en terreno fácil (sin pendientes) Aún saco el hígado por la boca, pero me siento como nueva cada vez que uso la bicicleta. Mi objetivo es conseguir usar la bicicleta para bajar al centro y volver y dejar de usar el bus. Pero aún me queda entrenar. 

También he vuelto a la sana costumbre de escuchar mucha música (y cantar y bailar a su vez cuando estoy sola jejeje) Una de mis preferidas...


Culturalmente me he iniciado en la lectura de novelas sencillas en noruego. Aunque los cuentos de niños me gustan, está  muy bien poder pasar finalmente a libros de adultos. También estoy haciendo mis pinitos y he publicado dos escritos sencillos en noruego para Spansk med Lidia. Los podéis leer pinchando aquí y  aquí. El último, que trata sobre el Dia de Sant Jordi, lo llevó el pequeño a la barnehage el miércoles, junto con un cuento ilustrado. A los críos les encantó la leyenda y a las profesoras también. 

¡Feliz finde a todos!