Feliz cumpleaños, papi. Este año me he decidido por celebrarte cuando empezaste tu vida. Al levantarme he sabido que en cierta manera estabas detrás de ese cielo tan rosa.
Y me he dicho: Haz de tu día un buen día. Camino a la oficina me he reído pensando en las anécdotas que la mami nos contaba a todos sobre ti ayer. La del mapache y el muffin de Canadá se llevó la palma. Menudas risas.
He ido a la oficina y he disfrutado y reído con las historias de los colegas. Feliz viendo que me siento con más energía por cada día que pasa. Ahora he subido el porcentaje y estoy trabajando un 64%. También entreno tres veces por semana: Piscina, zumba y boot camp. La terapia me está ayudando mucho. A sacarlo todo, aunque duela. Pasito a pasito sé que lo voy a conseguir.
La vida me ha puesto un reto hoy. Una situación desagradable. Pensar en ti y en lo que tú hubieras hecho me ha dado fuerza. Sé que a ti también te costaba demostrar tu valía, y que al final siempre lo conseguías. Y he hecho lo que yo creo correcto. Sé que no soy perfecta, pero me he dado una palmadita en la espalda. Por mi coraje. Por seguir mis principios. Orgullosa de ser quién soy.
He querido hacer el día especial y me he regalado un ratito en el centro de Trondheim. Un día realmente soleado me ha sonrojado las mejillas, y me ha puesto el alma contenta. He pensado en ti y he ido a tomar algo con una amiga. Las buenas amigas es uno de esos privilegios de la vida que nunca me cansaré de agradecer.
Tras mi cita me he acercado a la biblioteca y he comprado por primera vez tres cuadros. De una pintora iraní con una historia de vida muy interesante. Os los enseño en otra entrada. Ha sido emocionante.
Asbjørn y Adrià me han recogido en la parada de bus a las cuatro, y nos hemos ido a casa. Pronto pastel de chocolate en tu honor. Arnau ya se relame.
Viernes 29 de noviembre de 2019. Estás sentada en tu silla de la oficina. Las teclas van sonando acompasadas. Bastante satisfecha con la decisión que acabas de escribir piensas, pero como siempre la relees varias veces. No tienes remedio y sonríes hacia dentro. Todo va bien te dices a tí misma. Tan solo son las diez y media. Parece que el día de momento no presenta casos de esos que has de reaccionar a la velocidad del relámpago.
La luz del teléfono empieza a parpadear. Al principio lo confundes con algún usuario que llama, pero ves que el teléfono del trabajo está oscuro. Agarras a toda velocidad tu móvil particular. No quieres creerlo cuando ves el prefijo español delante. Te acuerdas cogida a su pierna de niña, y sabes que tu héroe de carne y hueso se desvanece.
Te metes como puedes en una sala discreta de la oficina y descuelgas. Es tu hermana pequeña que te pide que vengas. Que no va bien, que habla un poco, pero que pronto ya no lo hará. Qué bueno sería tener a mano un bastón donde sujetarme, porque el equilibrio empieza a fallarme. Salgo afuera y pido un abrazo a mis colegas. Me lo dan. Por un momento me siento fuerte. Recojo a toda prisa mis cosas. Llego a casa.
Cogemos vuelos. Al aeropuerto. Las azafatas creen que tengo miedo de volar porque estrujo la mano de Asbjørn durante todo el viaje. Los niños me abrazan muchas veces. Once de la noche. Taxi al hospital. Quieres parar el tiempo, pero no puedes. Lo inevitable sucede unas horas después rodeado de la mejor intimidad que una familia puede regalar.
Eres elegida junto a tu hermana Carla para tarea tan importante como es hablar sobre tu padre el día de su funeral. En el velatorio te reúnes con toda la familia. Con lágrimas en los ojos, risas llenas de cariño y muchos abrazos, cada uno de nosotros piensa que queremos compartir con el público presente en la sala. Y como no con nuestro querido padre, Pablo. Pol para muchos. Difícil reproducir un parlamento en el blog, pero lo vas a intentar. Empiezas por el principio. Y te decides por cambiar los tiempos verbales y la orientación del texto.
Como dice mi hermana Berta a día de hoy no sé por qué te llamamos Pol y no papá. Nos enseñaste a ir en bicicleta en tu adorada Villafranca del Cid. Nos traías sugus cuando ibas de viaje. Y tenías un máster de ducha infantil. Secando a tirones nuestro pelo largo y chamuscándonos las orejas. Las cuatro en fila india, Lidia, Berta, María y Carla.
Hasta que llegó Pablo, el pequeño de la casa. Siempre fuiste a todos sus partidos de fútbol. Eras su aficionado número 1. Un día incluso hiciste de entrenador con el consiguiente enfado de mi hermano. Al final el resultado fue 8-0 favorable.
Quizás te equivocaste con la abogacía e ibas para entrenador. ¿Quién sabe? Pero vaya, sabemos que eras muy feliz en tu trabajo rodeado de buenos compañeros y casos emocionantes. Recuerdo cuando viniste a uno de mis primeros juicios. Los dos nos veíamos tan lindos con la toga.
Responsable,humano y un gran profesional. Siempre eras puntual. Tanto que un día que acompañó al aeropuerto a mi hermana María, estaba tan nervioso por llegar a la hora...que se fue con el tren de antes con la maleta de María sin María. La mamá no se lo podía creer.
Tus nietos te adoraban. Pol dice que eres el mejor y siempre te querremos, Gonzalo que fuiste muy buena persona y, sin duda, el mejor abuelo del mundo. LLuc que siempre estarás en nuestro corazón. Arnau y Adrià más escuetos pero llenos de amor te dicen "Te queremos mucho, avi". Sander y Silke te van a echar mucho de menos. ¿Quién les leerá el cómic de Batman o el cuento del pastel de los Pitufos?. Simon y Roger se quedan con el amor de un abuelo experimentado.
Papi, la mamá y tú nos habéis enseñado cómo se puede amar de una forma incondicional y habéis formado una familia que es una piña. Y que tiene el grupo de WhatsApp más largo de la historia.
De ti aprendimos todos y cada uno de nosotros, Lidia, Berta, María, Carla y Pablo a ser constantes y honestos. A no rendirnos nunca. De ti sólo se podía aprender una cosa: A ser buena persona.
Para mi padre, las cosas superfluas no eran importantes. Y por ello su ceremonia de despedida fue sencilla y austera. Durante los dos últimos años hizo frente al cáncer con todas sus fuerzas. Por expreso deseo de nuestro padre, colaboramos con entidades que trabajan con nuevos tratamientos del cáncer, cómo mejorar la calidad de vida de los enfermos y sus familias. Algunos ejemplos son la Oncolliga o Fundació Kalida de Sant Pau. Mi padre también colaboraba con la Fundació Pere Mitjans. En uno de sus centros vive su hermana Carmen, que es, una de las personas que más quiere en el mundo. Animamos a quién lo desee a hacer lo mismo.
Pol y The Beatles. Inseparables.
Papi, te has ido demasiado pronto. Uno de tus mejores amigos nos dijo que llegaste sin hacer ruido, y te fuiste sin hacer ruido también. Así es.
La mami siempre dice que la gente está mientras la recuerdes y la lleves en el corazón. Recuerdo que me dijiste que ibas a comprar un jersey para venir a
visitarnos a Noruega y no tener frío. Recuerdo que te habías estudiado
cómo llegar a nuestra casa a través de Google.
A veces cuando bajo al bosque que rodea nuestra casa, te imagino allí con un jersey de reno y hablando con diminutivos, como solías hacer. Y sonrío y a la vez se me escapan algunas lágrimas o lagrimillas que dirías tú.
Muchos abrazos y besos de todos nosotros, tus hijos, tu mujer, tus yernos y tu nuera favorita, así como de toda la gente que te quiere, Pol.
Te envíamos unos dulces que sabemos que te habrían gustado.
El otro día pasó una cosa curiosa que me dio qué pensar. Esta semana Pau estuvo fuera un par de días por un viaje de empresa. Cuando fuimos a recogerlo, nos encontramos a un colega suyo, que apenas conocemos, y los niños se lanzaron en plancha a por él. Me quedé tan cortada. No supe reaccionar. Me volví a dar cuenta de lo importante qué es para ellos su papá.
A veces, se tiende a olvidar que existe esta figura, y se actúa como si todo lo relacionado con los niños debiera recaer sobre la madre.
Antes de emigrar toda la familia a Noruega, primero vino Pau tres meses antes. Empezó a trabajar, y a vivir en Trondheim, y aparte tuvo que hacer mucha burocracia. Hay quién puede pensar que tres meses son poco tiempo, pero dejó mucha huella en todos nosotros.
Los niños y yo estábamos de acuerdo en mudarnos en poco tiempo, pero esperábamos en Barcelona su visto bueno a dar este paso de gigante. No queríamos precipitarnos tampoco. Fueron unos meses muy duros, aunque desde aquí quiero agradecer a la familia y amigos lo bien que se portaron, mientras yo estuve sola con los crios. También mi más sincero agradecimiento al CEIP Pràctiques 2 y a L'escola bressolEl Ratolinet, las escuelas de Arnau y Adrià respectivamente en Barcelona. Y a algunos comerciantes de mi querido barrio de Sants (petons, Cristina!)
Las primeras semanas Adrià buscaba a Pau. Cuando se levantaba, iba a la cocina para que le preparara el desayuno, como era habitual. Al hacer skype o hangout, intentaba tocarlo a través de la pantalla, y lo buscaba por detrás del ordenador (concretamente pensaba que saldría Pau del altavoz) Arnau, en cambio, expresaba lo mal que se sentía, culpabilizándome de casi todo. Había muchos días que se enfadaba por cosas sin importancia, y yo me sentía triste, porque sabía que que lo único que quería era estar con su padre.
Conforme el tiempo pasaba, al quedar con amigos, los pequeños sólo querían ir con la presencia masculina. A mi me preocupaba, pero a la vez pensaba cuánto echaban de menos a su padre, y qué lento pasaba el tiempo.
A mi también me hirió la separación. Cuando nos volvimos a ver, mi pareja y yo, éramos como dos solteros. Pero estar aquí es una aventura excitante. A lo que algunos les llaman dificultades, nosotros los vemos como metas o sueños. Los cuatro estamos aprendiendo a vivir en una cultura de lo más organizada y respetuosa. Hemos aprendido a organizar una nueva economía familiar en un país con necesidades muy distintas al nuestro de origen, y con unos precios, que, a veces, asustan.
Pero hay cosas que se me hacen cuesta arriba, cómo no poder abrazar a los míos, hacer confidencias con las amigas, o simplemente tomar un cocktail en Pub Lunatic escuchando música y chistes en tu idioma. Toda una serie de pequeñas cosas, que forman parte de una.
Ahora entiendo la ilusión con que muchos immigrantes en Barcelona compraban el billete de avión a su país, para pasar las Navidades con los suyos. Por cierto, os confirmo que nosotros ya hemos comprado los nuestros para entonces.